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La oposición en el Congreso

18 de Septiembre del 2020 - Justo Roldán (Oviedo)

Con honrosas excepciones, como lo son Foro y UPN porque sus intervenciones van siempre encaminadas hacia la critica al Gobierno socialista, algo comprensible, al ser los únicos que padecen (40 años de socialismo en Asturias) y (la política de colonización de Navarra, por parte del independentismo anexionista vasco) su oposición es frontal, sin tapujos y sin una cínica “cortesía parlamentaria”.

Los indefinidos de Teruel, Cantabria o Canarias solo mantienen una oposición de acuerdo a unas pírricas concesiones para sus respectivos territorios. Así es que, al final, solo quedan los dos mencionados al principio más el PP y Vox para ejercer un control, más efectista que efectivo, al mastodóntico gobierno PSOE+PC+Populistas.

Tanto el partido de Santiago Abascal como el de Casado cometen errores impropios de un partido con experiencia en el Gobierno y en la oposición, como lo son los populares, y más excusables los de Vox, dada su inexperiencia parlamentaria y de gobierno.

Así y con todo, no pueden ni deben hacerse oposición entre ellos ¡No! Y si ese error lo comenten los diputados del segundo partido mayoritario en la oposición, deben los populares no ya comprenderlos, sino evitar la controversia; pues bien saben los de Casado que son compañeros necesarios para cualquier pacto de futuro. Para los de Abascal, es muy fácil la crítica al PP, por sus anteriores y actuales responsabilidades de gestión, que han ocasionado errores y aciertos durante el periodo que han gobernado el país. Pero ese no es el camino a seguir, puesto que, para la crítica, ya está el resto de la izquierda parlamentaria, a los que se suman los “camaleónicos” de Ciudadanos, a la espera de que les caiga algún voto más.

El adversario político es el “frente populista” que conforta la mayoría en el Congreso y que actúan en forma de “tenaza” a la hora de defender sus ideologías marxistas-leninistas, apoyados por los independentistas gallegos, vascos, y catalanes, a los que se unen todos los anticonstitucionalistas y negativistas de la Transición y de la Constitución de 1978.

Para ganar la guerra al frente populista Gobierno de Sánchez el camino no es otro que el de ganar batallas parciales, hasta ganar la guerra definitivamente. Y estas batallas pasan por el Gobierno de las más comunidades autónomas posibles, aun con la excepción del País Vasco y Cataluña. Y este es el plan, y esa es la manera de salvar España de otra contienda ideológica, ya padecida el siglo pasado.

No existe necesidad alguna, salvo en cuestiones fundamentales, que atañen a la unidad de España, a la libertad de los españoles, a la familia y a la propiedad, que obligue a apoyar cualquier proposición que presente para su aprobación tanto el PP como Vox. Pero en lo tocante a las razones que se esgriman a favor o en contra, debe evitar el dar la sensación de marcar entre ambos una “diferencia insalvable”, que no existe ni debiera de existir. Por ello, ni los populares deben de rasgarse las vestiduras, ni tener una “piel tal fina”, ante la etiqueta de extremistas que el PSOE y sus socios pretenden poner a un partido como el fundado por D. Manuel Fraga, uno de los “padres” de la constitución del 78. Con ello, ya queda todo dicho.

Tampoco los diputados de Vox deben de sentirse ofendidos ante la definición de “fascistas con la que los amigos de Otegui quieren definir a los de Ortega Lara. Aquí igualmente, con este dato genealógico, quedan claras las posturas, de unos y de otros. De todo esto, que a diario se oye en sede parlamentaria y/o en comisiones y Diputación Permanente, hay que pasar olímpicamente, pues toda España ya sabe quién es quién, aunque solo la historia la conozcan, al parecer, unos pocos. Pues triste es comprobar cómo muchos votantes del independentismo o de la izquierda más rancia no saben quién fue Miguel Ángel Blanco, ¿qué van a saber de la historia de España? La ignorancia de nuestro pasado más reciente es preocupante. Y la posibilidad real de que se fabrique una ad hoc lo es más todavía.

En cierta ocasión el diputado Bandrés dividió el Parlamento, trazando una línea imaginaria, en dos. En una mitad estaban los torturadores y en la otra (la que él ocupaba) los torturados. Hoy esa línea, si se volviera a trazar, separaría a los dictadores de los demócratas y constitucionalistas. Y ese es un hecho sobradamente demostrable (el de Bandrés, no) a poco que buceemos en las ideologías, de quienes aspiran al totalitarismo proletario, o de quienes han luchado por la democracia, han traído la democracia, y no se consideran un paréntesis en la historia de España, diga lo que diga Pedro Sánchez, que, haciendo un continuismo de su predecesor Zapatero, sigue dando la razón, a Gustavo Bueno, en su libro “Zapatero o el pensamiento Alicia”.

Sepan los dos partidos mayoritarios de la oposición que hay que ejercer esta contra quien se debe y no contra quien se puede.

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