Claudio Alvargonzález, el absurdo
Martes 15 de setiembre, 5 de la tarde. Salgo de Cimavilla a pie a hacer un recado. Justo en ese momento coincido con otra vecina del barrio que va con sus dos hijos. Descendemos por la Cuesta de las Ballenas y vamos hablando de la peatonalización y el corte de esa vía. Ella me va relatando todos los trastornos que le produce la situación, y yo le voy dando la razón y argumentando de forma parecida a ella. Nada que no sea en la línea de lo que se puede oír a tantos vecinos del barrio.
Vamos caminando por la calzada destinada en teoría a los automóviles y, en teoría también, peatonalizada o semipeatonalizada. Cualquiera que resida en la zona o simplemente pasee por el puerto deportivo se percataría de que, durante todo el verano, lo mismo entre semana que sábados o domingos, esa calzada para vehículos no fue usada por nadie para pasear como aducen nuestros ínclitos Alcaldesa y concejal de Movilidad. Solo de vez en cuando se ve alguna bicicleta, algún patinete o algún viandante suelto, pero la mayor parte del tiempo lo que vemos es el asfalto desnudo, coches despistados que no ven la señal de dirección prohibida donde el refugio antiaéreo, o algún camión de reparto de bebidas. Desde luego, lo que no se ve es peatones paseando por una supuesta zona peatonal. Es decir, nadie la usa para ese fin.
Pues bien, yo normalmente tampoco camino por esa calzada, voy por donde todo el mundo, por una de las dos aceras. Pero como mi vecina caminó por ahí, la seguí, para poder continuar un poco la conversación.
Así que íbamos ella, yo y los dos críos por la calzada, hablando de todo esto, y a lo tonto llegamos a la altura de las botellas. Y aquí viene lo chusco de la historia. Sentimos un sonido suave a nuestras espaldas, y son dos motos tipo Vespa con sendos agentes de la Policía Local. La primera agente nos sobrepasa sin decir nada, pero luego nos alcanza un agente masculino que nos llama la atención con estas palabras: “Hay que caminar por las aceras, señora”, dirigiéndose a mi vecina. Quedamos atónitos, pero ella no se cortó y le hizo notar que la calle estaba peatonalizada y le indicó la señal azul y blanca pintada en el suelo. Que si no se podía caminar por ahí entonces para qué era el corte de la calle y que éramos vecinos de Cimavilla y perjudicados por el corte de esa vía. El guardia, probablemente porque no le dio tiempo a pensar nada mejor y por no dejarla con la última palabra, dijo que “pasan vehículos ocasionales”.
Vamos, que no se sabe si es para reír o para llorar. Y mientras tanto, nuestra alcaldesa inasequible al desaliento junto al edil de la cosa. Deben de pensar que son como el Papa, infalibles. Cualquier cosa menos rectificar.
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