España, al fin y al cabo
Si echamos la vista atrás solo unos años, treinta o cuarenta como máximo, veríamos la imagen de una España moderna, vital, sonriente y esperanzada, y si girásemos el visor 360º nos encontraríamos ahora con un país triste y desesperanzado.
No se puede entender que en tan pocos años, y en una época de constantes avances en todas las esferas, hayamos pasado de un período de prosperidad y de alegría a una etapa que querríamos olvidar pero que las circunstáncialas nos lo impiden.
Éramos un país envidiado por sus gentes, por su cultura, por su clima, por su gastronomía y por muchas cosas más, y nos hemos convertido líderes del infortunio.
Queramos o no, somos protagonistas de una película que parece sacada de un guion de ciencia ficción, pero que es tan real como la vida misma. De una película llamada España rodada en blanco y negro, pero que nos gustaría ver en color, cuanto antes, porque somos un gran país, al fin y al cabo.
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