Cuando el miedo vence a la libertad
Hace unos días nos hacíamos eco en esta misma sección de “Cartas al director” de las, presuntas, amenazas de un mando policial a la actual secretaria del Ayuntamiento de Cudillero. Se hablaba de, supuestas, vejaciones, insultos y amenazas a la funcionaria. Pese a la gravedad de los, presuntos, hechos, que no fueron ni desmentidos ni corroborados por el propio alcalde, en conversación telefónica con quien esto suscribe, lo cierto y real es que, a día de hoy, y más de un mes después del suceso, todo parece querer ser tapado he ignorado. Nadie quiere hablar del tema; y menos con lo que huela a prensa. Hasta la concejala de Podemos en el Ayuntamiento pixueto, Sonia Busto Avello, intenta echar balones fuera con una lacónica respuesta: “Hay dos versiones que circulan por el pueblo, pero todavía no hablé con la secretaría para que me cuente su versión”, asevera la edil podemista. Cudillero, siempre Cudillero, con sus “guerras” políticas, sus celos, y sus recelos, sus divisiones, sus odios, sus venganzas, sus mentiras y sus medias verdades. En Cudillero la política siempre se ha vivido con intensidad, yo diría que con apasionamiento extremo. En este pequeño concejo es como si para algunos personajes de la vida pública –preferible no dar nombres– los valores democráticos, la libertad de expresión, la dignidad, la ética y los valores de los ciudadanos continuaran como hace más de 40 años. Algunos en Cudillero han querido usurpar funciones que no les corresponden, al más puro estilo de la dictadura franquista. Yo soy la autoridad y la ley, aunque nadie me haya votado, es una práctica demasiado habitual en este Ayuntamiento. Por todo ello, sería muy saludable que el señor alcalde de Cudillero diera la cara públicamente sobre lo que está pasando en su concejo. No puede ser que a la entrada del pueblo exista un gran cartel que nos anuncie que entramos en un municipio donde se protege a las mujeres, y donde “se condena la violencia de género”; pero luego, en la práctica si se producen hechos sospechosos de vulnerar esos principios que aseguran defender, se meten la cabeza debajo del ala como el avestruz.
Por último, a la señora secretaria del Ayuntamiento, a la cual no tengo el gusto de conocer, le aconsejaría que sea valiente; que de ser ciertos los hechos que han trascendido a la opinión pública, los denuncie ante la Fiscalía. No solo es su dignidad la que está en juego, sino también la de miles de mujeres de este país que diariamente sufren el acoso machista...
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