¿De qué hablaremos después del coronavirus?
El covid-19 ha solucionado el problema de los interminables silencios cuando coincidíamos con un vecino en el ascensor, en asiento de al lado en los viajes en tren o en autobús, en reuniones familiares, en comidas de empresa, y en tantas y tantas situaciones embarazosas en las que no tenemos nada que decirnos.
Hablar de la pandemia es un tema más socorrido y menos arriesgado que hacerlo de fútbol, de religión o de política, asuntos también recurrentes, pero que suelen generar disgustos incluso entre los más allegados, cuando no se coincide en aficiones y opiniones.
Quizá sea esto lo único positivo que nos habrá dejado la desgraciada pandemia que seguimos padeciendo y que no da síntomas de solucionarse pronto. Pero pasará, como pasa todo, y volveremos a encontrarnos con el vecino del quinto y no sabremos qué hacer ni qué decir mientras dura el trayecto.
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