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Corrupta realidad interesada

20 de Septiembre del 2020 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

Repasando un viejo libro no he podido resistir la tentación de hacer esta larga cita: “Se puede ser pobre, se puede seguir de pobre, como decía mi admirado Ignacio Aldecoa en uno de sus cuentos; se puede estar en paro y ver negro el futuro, y tener esperanza amarga, pero esperanza al fin y al cabo; se puede querer emigrar y no emigrar; se puede aguantar con la misma gabardina o la misma chaqueta, o la misma zamarra, o las mismas botas, en la confianza de que algún día nos llegará una buena racha; pueden los pueblos atravesar etapas de incertidumbre, como se atraviesan valles de niebla y de sombra, porque al final llegará la luz; se pueden convertir las piedras en pan si se echa energía al surco con la bondad de los bien nacidos; pueden los pueblos morir porque la muerte es su costumbre; el trabajo y la vicisitud, su tarea; la fatiga, su honor, y la solidaridad, su vino del crepúsculo; pero lo que no pueden los pueblos es despertar con la corrupción en las narices, dormirse con ella en la cama y tenerla, cual rodrigón vigilante, macerándolos años tras años.” (Mauro Muñiz: “La madre de todas las corrupciones –el felipismo en televisión–” - 1995).

Hemos sido educados, fueron educados y están siendo educados, en la corrupta realidad interesada. Nos han enseñado verdades oficiales como si fueran absolutas. Quizá por eso me enamoré hace años de la tesis de Karl R. Popper: “La verdad ha de ser falsable”. Toda verdad ha de ser puesta en duda para mostrarse en dialogo con otras, o no mostrarse. La verdad que mejor resista el diálogo es la que debemos utilizar hasta que otra la desplace, pero esa también será falsable.

En la década de los sesenta del siglo pasado (cuando siendo bastante joven no comprendía muchas cosas) oí decir a ese gran profesional del periodismo: “El periodismo siempre debe estar contra el Gobierno; ¡sea el que sea!”. No sé por qué la frase se me quedó grabada. Quizás porque me parecía entonces un disparate, o una novedad, que alguien propusiese como principio la crítica permanente al Gobierno. Un Gobierno cuya ley inamovible era la única verdad en aquella época. Más de medio siglo después, se establece la ley de la Memoria Histórica, y ahora se propone la ley de la Memoria Democrática.

¿Acaso la historia con su metodología científica o el periodismo han de ser suplantados por leyes de la memoria? ¿Fueron justos o injustos los romanos al destruir el templo de Jerusalén construido por el tirano Herodes I que había sido su aliado? ¿Serán los desaparecidos budas de Bamiyán memoria histórica de la barbarie?

Enseñemos Historia y, dialogando unidos, construyamos un futuro.

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