El proyecto

21 de Septiembre del 2020 - Marcelo Noboa Fiallo (Gijón)

Más allá de lo que representa la figura estrambótica, autoritaria, narcisista, xenófoba, machista... de Donald Trump, el Partido Republicano, su partido, tiene un proyecto. Mejor dicho, mantiene su proyecto de siempre: el fortalecimiento del neoliberalismo, el mínimo estado y la vuelta a los “valores” del conservadurismo social. No engañan a nadie, nunca han engañado.

No sé si Trump conseguirá ganar las próximas elecciones. Las encuestas, desde que la pandemia está arrasando como los incendios de California, le sitúan por debajo del candidato demócrata. El Partido Republicano jamás ha tenido la intención de cambiar de candidato, el “impeachment” fue la oportunidad legal y política de hacerlo. No lo hizo, aunque ello haya supuesto el desprestigio del país. El proyecto está por encima de estas “nimiedades”. Trump les sirve.

El “gurú” del ajuste moderno (y futuro) del proyecto es Steve Bannon, aunque ahora aparezca con un libro “degradando” al que fuera su jefe y ejecutor del proyecto (“peccata minuta”, tiene más que ver con la necesidad de “hacer caja” por parte de Bannon y de alimentar el morbo de los lectores de la América profunda). Lo importante es que el proyecto siga, se expanda. Por ello, se le encargó que lo difundiera por Europa. Así lo hizo y sin pelos en la lengua manifestó: “La victoria de Vox es que ya ha trasladado su discurso al resto de la derecha, partidos como Ciudadanos y PP ya hablan como ellos. A eso lo llamo colocar el producto”. Alumnos aventajados no solo son Abascal (Vox), Salvini (Italia), Le Pen (Francia), Orbán (Hungría), sino también Boris Johnson (Gran Bretaña) o Casado/Ayuso del PP (España).

Tampoco aquí disimulan. Van de frente. No insistiré en recordar las barbaridades que la señora Ayuso ha hecho y hace en Madrid desde que le fueron devueltas las competencias tras el confinamiento nacional, pero sí insistiré en la lógica del neoliberalismo que subyace en las últimas medidas adoptadas, siguiendo las enseñanzas de Bannon/Trump. No importan los muertos que la pandemia pueda seguir provocando (Trump: “Si al final de la pandemia, tenemos 200.000, será una buena gestión”) en el fondo son daños colaterales que, una vez llegada la vacuna, se pasará página. Bolsonaro: “Quién no vaya a trabajar por miedo a la pandemia es un débil”. Así se fortalece el proyecto del nuevo liberalismo.

No tienen prisa. Todo llegará. 25 años en el poder, el PP de Madrid ha desmantelado la sanidad pública. Lo público les provoca alergia (Trump ha acabado con la tímida reforma sanitaria de Obama, “eso es socialismo”). Por ello, Ayuso no tuvo empacho en proponer que los rastreadores (piezas clave en la lucha contra la pandemia) fuera personal voluntario (¡!). Al no conseguirlo, optó por privatizar el servicio (no le importa pagar, cuando es privado) y pedir al Ejército colaboración (esto es gratis). Todo menos contratar personal especializado o formarlo. porque esto es inversión pública y ella es alérgica, se lo han dicho sus médicos privados.

Dentro de esta lógica, se entienden las aberrantes medidas tomadas para “confinar” a 850.000 madrileños en sus hogares a la vuelta del trabajo. Madrileños currantes, vecinos de los barrios más populares de Madrid a quienes solo se les necesita para producir, irán a partir de hoy (21/09/2020) hacinados en el metro, autobuses, trenes (muchos expandiendo el virus), pero de vuelta a casa no podrán salir al bar, ni llevar a sus niños al parque o al campo. Estarán confinados después de cumplir con su deber de producir. Es lo único que importa. ¿Alguien duda de que lo que pasa en Madrid va más allá de la pobreza mental de Ayuso o lo que pasa en Brasil, más allá del sociópata Bolsonaro?

Mientras tanto, ¿quién está al otro lado del proyecto? En Madrid, la oposición desaparecida y sin alternativa al mismo, al igual que en EE UU. El próximo 3 de noviembre muchos estadounidenses irán a votar con la nariz tapada porque hay que acabar con ese “enfermo” que ha tomado la Casa Blanco como si fuera un edificio más de los múltiples y horteras que tiene, pero no hay alternativa progresista por parte del partido demócrata. Elegir como candidato a un abuelo/bisabuelo de 78 años, sin carisma ni fuerza para reconducir a su país denota que no hay nada al otro lado. Mejor dicho, “haberlo, haylo” (como diría un gallego), pero no han querido apostar por savia nueva, por renovar los liderazgos con gente como Ocasio-Cortez. Mientras tanto “El Proyecto” avanza. En América Latina, después de la desastrosa gestión bajo la pomposa etiqueta del “Socialismo del siglo XXI”, el conservadurismo va copando las instituciones de todos los países. Allí no necesitan a Steve Bannon, se bastan con los “Bannon criollos”, porque no hay nada que desmontar, como en Europa. No existen instituciones públicas fuertes, ni Estado de bienestar que rapiñar con las privatizaciones. La pieza grande a cazar es Europa y en ello están. Mientras tanto, nos entretenemos en hacer chistes con la pobreza mental e ignorancia de quien forma parte del Proyecto en Madrid: Isabel Díaz Ayuso.

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