Cistitis cánida e Instagram
Una amiga mía regenta un pequeño comercio que ha abierto recientemente en el centro de Oviedo, en una de sus calles semipeatonales. Café, chocolate, especias (por tanto, aromas), muy pulcro, muy luminoso, como un manantial. Justo a su vera, a dos metros escasos de la puerta, ha habilitado un pequeño espacio (cubierto) para las mascotas que puedan acompañar a clientes o curiosos, por evitar, lógicamente, su acceso (el de los animales) al local, ya que hablamos de productos alimenticios. Y también por mera higiene, en su sentido más amplio.
Pues bien, a mi amiga no dejan de sorprenderle, desagradablemente, las visitas esporádicas de cierto tipo de personas que consideran que sus mascotas tienen el mismo derecho de acceso que ellas mismas (en femenino, por concordancia y porque suelen ser féminas las que así lo consideran, para vergüenza de la propietaria, pues también es mujer) a su tienda, por la cara.
Lo cual ya estaría mal en sí mismo. Pero peor son aquellas personas que permiten, como en un acto de afirmación identitaria, las territoriales micciones tranquilas de sus acompañantes cánidos en la misma puerta del establecimiento. Ayer mismo pude constatarlo yo. Un ser emperifollado paseaba mirando al infinito, arrastrando un carnívoro digitígrado peludo de cuatro patas, que iba diseminando urea a diestro y siniestro. Evidentemente, también evacuó en la entrada del negocio de mi amiga. Cuando esta se dirigió a la dueña del perro para hacerle ver que la elegancia supuesta de sus formas, andares o maneras quedaba del todo reñida y minorada (cuando no anulada) por el consentimiento otorgado a su amado cánido para mear allí mismo, la tipa, impasible e impávida a la reprobación ciudadana, encasquetole a su interlocutora, con orgullo mediocre y lamentable, que sí, que bueno, que sus familiares meadas en el escaparate no eran para tanto y que, además, su bestezuela incontinente tenía página en Instagram (o Facebook, dudo). Tal cual. Todo un mérito absolutorio, sin duda.
Supongo que las fotos no las subirá (ni tomará) el perroide, ocupado en concentrar (en ambos sentidos) su micción en la entrada del local de mi amiga. Felicitemos, pues, a perros y perras que permiten y se permiten orinar escaparates. Por el futuro de las redes sociales. Inconmensurable transferencia freudiana de la cistitis.
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