Bicisendas

29 de Septiembre del 2020 - José Luis Peira (Oviedo)

Preámbulo: Llevo montando en bicicleta desde tiempos inmemoriales, tanto que vi llegar a la bici de montaña. He tenido bicicletas de carretera, BTT, eléctricas. He pedaleado por carreteras y montes de España, por eurorrutas y ciudades en Alemania, Francia, Austria, Holanda, Suiza, Italia, Reino Unido, también he recorrido algún país americano durante semanas.

Todo esto lo cuento no por presumir, sino como anticipo a juicios volanderos, ya que vivimos en una era en la que todo hay que explicarlo porque el nivel ha bajado tanto que hasta los títulos de las películas deben contar al menos la mitad del argumento.

Y ahora voy a expresar lo que siento al ver ese remedo de carriles bici que se han pintado por Oviedo. Convengamos que, al parecer, podría tratarse de algo transitorio, a prueba o prototipo de diseños futuros, en tal caso mi carta no habrá servido de nada y me alegraré infinito de haberme equivocado y ser un bocazas.

A día de hoy no me cabe otra que gritar que el responsable de este truño no tiene nada que ver con el mundo de la bici, todo lo más se ha visto impelido por una suerte de buena voluntad mixturada con un aire de modernidad urbanita o acaso el cumplimiento con la boca pequeña de alguna promesa electoral y el engendro queda a la vista de todos. Lamento reconocer que yo lo esperaba, así como lo espero de cualquier otro partido que intente lo mismo. ¿La razón? La radical incultura de España respecto al mundo de la bicicleta. Baste para reforzar mi argumento una simple foto que ha encabezado la noticia, en la que puede verse a los prebostes de turno inaugurando el carril mientras una bicicleta que acertaba a pasar por allí en ese momento tiene que desviarse para seguir circulando; ¿lo harían igual inaugurando una avenida? ¿A qué no? Insisto, quienes han pergeñado a la criatura carecen por completo de conocimiento e interés sobre el asunto.

Lamento que con buenos medios se irrumpa en el despilfarro sencillamente por desconocimiento, no basta con pintar unas rayas en calzadas y aceras para “mejorar la movilidad” de la misma manera que no alcanzaría con poner unas macetas aquí y allá para convertir una urbe en zona ajardinada sin tener en cuenta insolaciones y penumbras, floraciones, estaciones o abonos. Lo que se ha hecho en Oviedo, anticipo, no va a servir más que para generar tensiones. Para introducir la bicicleta en los desplazamientos urbanos e interurbanos (pensar en pequeñito no lleva muy lejos) habría que replantear el concepto de la ciudad. Me irrita que los responsables no viajen antes de tomar una decisión de este calibre, y ello demuestra que no tienen en el fondo ningún interés en el asunto. Vayan a Múnich, Burdeos, Viena... son apenas unos ejemplos. Consulten a las asociaciones ciclistas que hay por todo el territorio. Tecleen en Google sobre la Ola Verde de Copenhague, consulten a técnicos y aficionados, miren fotos y vídeos. Contraten expertos de ciudades europeas, lo hacemos sin sonrojo con entrenadores de fútbol, vean, estudien, aprendan, viajen, salgan de la maldita aldea, solo así comprenderán el disparate de pintar unas rayitas en una ciudad sin cultura ciclista, sorteando farolas, perdiendo continuidad en los cruces instilando un peligro más al ciclista. La mona es incapaz de vestirse de seda y su intento no solamente la dejará siendo mona, sino que además será un simio adefesio.

Auguro automóviles estacionados sobre el carril con el mismo desprecio e impunidad que ahora lo hacen sobre las aceras para bajar a tomarse el vermú, repartidores en descarga, peatones desubicados pero dispuestos a indignarse ante el atropello de la modernidad, ciclistas irrespetuosos amedrentando a viandantes, dirimiendo preferencias en fracciones de segundo. En fin, tantos y tantos aspectos que no se tienen en cuenta que cuesta aceptar que los padres de la criatura crean de verdad en lo que hacen, o es que son tan necios que se piensan que con dibujar unas líneas sobre plano nos convierte por ensalmo en una urbe a nivel Friburgo.

El horrorcillo de esos carriles resulta doloroso para los ingenuos que queremos creer que algún día se harán las cosas con decencia, pero ya voy acatando que dejaré este mundo sin verlo.

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