Memoria histórica 2007-2020
Los hechos históricos conforman la historia y la historia está documentada. Lo sabemos.
Partimos de esa premisa para preguntarnos: ¿puede un Parlamento que respete la convivencia democrática en paz y en libertad vulnerar el principio de la verdad documentada, imponiendo por ley un único relato de la historia, haciendo variar los hechos de esa historia? ¿No es un ataque a la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político que consagran la Constitución?
Si por algo se caracterizó la Transición española, amnistía incluida, fue por una voluntad de “olvidar el pasado y construir juntos un futuro”. Pero solo ha sido eso, voluntad, porque nunca se ha llegado a un reconocimiento de culpas, ni al perdón que tendría que venir con ese reconocimiento.
Casi ochenta años después de finalizada la Guerra Civil y más de cuarenta después de la extinción del franquismo, nuestro Gobierno está en puertas de reformar la mal llamada Ley de Memoria Histórica de 2007, del ínclito Zapatero, un cierre en falso de una herida que creíamos cicatrizada, pero que se ha enquistado y amenaza, al borde de la gangrena, con la amputación.
De los dos frentes en conflicto, solo uno, el de izquierdas, es incapaz de respetar esa voluntad de la Transición, y reflota y reivindica una y otra vez, cada vez con más virulencia, un “ajuste de cuentas” que los menos ilustrados ni comprendemos ni justificamos.
¿Todos los asesinatos, violaciones, muertes y vejaciones fueron cosa de un bando? En la defensa de Oviedo, por ejemplo, ¿fueron los defensores de esta heroica ciudad los que invitaron amablemente a los violentos y dinamiteros a que asaltaran la ciudad, volaran edificios con refugiados dentro, ametrallaran la catedral, asesinaran a ciudadanos corrientes, a monjas, seminaristas, etcétera? Aclaro: a mi abuelo, mi padre y mis tres tíos (todos de la cuenca del Nalón) les “tocó” el bando revolucionario, pero este nieto, hijo o sobrino no tiene venda que le impida ver la realidad.
En una guerra programada por unos contra la voluntad de otros (hermanos frente a hermanos, familias frente a familias, pueblos frente a pueblos), las víctimas cayeron de uno y otro lado; enterrados en cunetas hay hombres y mujeres de uno y otro lado.
Si se trata de reescribir la historia olvidando el pacto de transición que nos hizo progresar y llegar hasta aquí en paz, aclaremos que el inicio real de la Guerra Civil fue en 1934; desde esa fecha juzguemos y condenemos a los culpables de los dos bandos, quitemos estatuas y calles de los dos bandos, abramos zanjas y desenterremos muertos de los dos bandos, indemnicemos a familiares de los dos bandos, y si eso, como no tenemos nada más importante de que preocuparnos (la sanidad, la educación, el paro, nuestras familias...), declarémonos la guerra.
Saludos cordiales
P.D. Mi agradecimiento al Sr. Corostola, que ha tenido el detalle de citarme en su escrito “Fachas”, del día 20, cuyo contenido comparto.
Celebro que la lectura de mi carta le haya divertido, D. Antón. Mis respetos.
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