La desmemoria, la mentira, la injusticia
Hay una propuesta en curso, a debate y consideración para su puesta en desarrollo, de que un “espacio para la Memoria democrática” se pueda y se deba propiciar en Asturias en aras de que investigaciones, testimonios y documentaciones, se pongan al servicio de la Verdad de lo ocurrido en nuestra historia reciente, tras el golpe de Estado franquista.
Y hay por supuesto negacionistas y detractores, que proceden siempre de quienes se han beneficiado del estado de cosas generado por la dictadura.
En esa propuesta encajaría el chalé que fuera sede del Ayuntamiento de Avilés y sede militar de “procesos” (Brigada de Investigación Social y Criminal y la Guardia Civil), que llevaron a ejecutar numerosas torturas y asesinatos y desapariciones, de forma planificada y “ordenada”. Es decir, crímenes de Estado.
“Memoria y olvido en la Quinta Pedregal” es el libro que hace ya tiempo publicó y presentó el historiador local Pablo Martínez Corral, con abundante y rigurosa documentación referenciada.
El estudio de Martínez Corral analiza las políticas represivas franquistas en la comarca avilesina desde el 21 de octubre de 1937, y en su investigación conjuga diversas fuentes primarias y archivísticas. Comienza con el análisis de las distintas estrategias violentas empleadas sobre la población avilesina desde la entrada de las tropas franquistas. Se relatan las diferentes técnicas para someter a una población considerada hostil: los paseos, los juicios sumarísimos, las palizas y las multas conforman las tácticas de control de la retaguardia. La memoria colectiva sobre los sucesos se analiza en torno a la Quinta Pedregal, en Avilés, edificio utilizado como centro de detención. A pesar de las políticas y discursos que se aplican en la posguerra, queda constancia de cómo las familias de las personas detenidas reivindican dicho lugar como un símbolo de Memoria.
El hecho de que el historiador sea descendiente de uno de los desaparecidos por la violencia franquista no le resta un ápice de veracidad (y nadie se ha atrevido hasta el momento a hacerlo) a lo documentado sobre el chupadero o quinta del terror en Avilés.
Sin embargo, al señor Cortostola todo lo que suponga búsqueda de Verdad y puesta al servicio de la democracia actual en nuestro país parece suponerle “malos recuerdos”, y trata de desvirtuar al historiador porque se atreve hasta a escribir sobre Menéndez, el intocable.
De Menéndez, o de los dos Menéndez, el de la Florida y el de la Patagonia, podemos hablar otro día, para no dejarnos distorsionar por el intento de justificar “en la venganza” los hechos de terror ocurridos en la comarca avilesina.
Presumía el jefe de Gobierno español (“El barbas” según el sumario de las cloacas del Estado) de no poner ni un duro para que la Ley de Memoria se pusiera en práctica, ha pasado más de un año de que otra ley autonómica se aprobara en la JGPA, se reconsidera y refuerza en el Congreso la norma de Memoria Democrática, y otra gente seguirá propugnando su incumplimiento por diversas vías. Es decir, la violación de la supuesta sagrada ley, que para asuntos diferentes se exige en su funcionalidad.
La propuesta de espacio para la Memoria no es que sea un invento astur: está en todas las partes del mundo. Se cita como ejemplos prácticos a la ESMA argentina o al Museo Aljube del hermano país vecino, pero en verdad qué país del mundo y, sobremanera, ¿qué país europeo no tiene sus espacios de memoria que sirven para explicar, investigar, debatir y reflexionar sobre el nazismo y la Segunda Guerra grande, sobre los hechos terribles que se produjeron a su amparo?
El mismo día que se presentaba en Avilés el inicio de las jornadas que el señor Corostola critica, se realizaban también jornada y estreno de documental en el Teatro Prendes de Carreño, “Les Candases”.
En dicho documental, “La historia olvidada de Les Candases”, uno de los testimonios más fuertes y lúcidos es el de un señor veterano, al parecer antiguo falangista, que aporta datos sobre cómo de otra quinta, de otro chalé, de otro lugar de “Investigación Social” se llevaron tras torturarlas a las mujeres y hombres que iban a ser arrojados al Cabo Peñes.
Demasiados años tuvieron que pasar hasta que en 2017 se pudieran recuperar restos parciales de aquellos crímenes en el cementerio de Bañugues.
Demasiados años y mucha desmemoria han tenido que pasar para que se documente y reivindique la Verdad sobre los hechos de represión, justificados, escondidos, revictimizados con saña en sus familiares, en las comarcas asturianas, en aras de seguir ocultando los crímenes de Estado del franquismo.
Seguir haciéndolo ahora además es ilegal, señor Corostola.
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