Ahora no toca hablar de monarquía
Ayer el Pleno de control al Gobierno de Pedro Sánchez se convirtió en una especie de monográfico sobre la ausencia de Felipe VI a la entrega de despachos a los nuevos jueces en Cataluña. En tono bronco, y entre acusaciones y reproches entrecruzados entre la derecha y la izquierda, el debate alcanzó su momento más álgido cuando el diputado de ERC Grabiel Rufián, apuntó con ironía dirigiéndose a la bancada de Vox: “La Casa Real, la madre del cordero. Vox tiene aquí 52 diputados, pero en total tiene 53, porque tiene uno en la Zarzuela”. El alboroto sobre las palabras de Rufián tardará tiempo en olvidarse en la bancada de la ultraderecha, que prepara ya su moción de censura contra Pedro Sánchez, basándola precisamente en la defensa del Rey, la monarquía y la unidad de España.
No cabe duda de que la noticia de la semana ha sido la, supuesta, recomendación del Gobierno a la Casa Real desaconsejando la presencia del Rey en Barcelona, ante el temor de que se produjeran graves disturbios, dada la proximidad de la sentencia inhabilitando a Torra, así como el aniversario del 1O. En resumen, para el Gobierno ha sido un tema de proteger al Rey, corriendo riesgos innecesarios; para la oposición (PP-VOX-Cs) ha sido un gesto de traición al Rey y a la Constitución, y un guiño a los independentistas catalanes para conseguir su apoyo a los Presupuestos.
La mayoría de los analistas políticos coinciden en una cosa: “El Rey se ha equivocado al haber llamado al presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, para comunicarle que le hubiera gustado haber podido estar presente en el acto”. Lo que no pasa desapercibido para nadie que esté mínimamente al corriente de cómo están las cosas dentro del poder judicial español en estos momentos es el saber con exactitud si las palabras textuales de Felipe VI fueron esas o si, simplemente, fue una llamada de cortesía, como se dice desde Zarzuela, para enviar un saludo y felicitación a los nuevos jueces.
En cualquiera de los casos, la tensión creada entre la Casa Real y la Moncloa pone en evidencia dos cosas: Primera, que el Rey jamás debería tomar partido por ninguna opción política, como podría ser este caso, de ser cierto su “disgusto” por no haber estado presente en un acto con un marcado carácter político. Segunda, a Pedro Sánchez, ante los complicados momentos que vive el país, con una pandemia por el covid que nos convierte en uno de los países con más incidencia del mundo; con una economía que amenaza con la pérdida de miles de puestos de trabajo, no le interesa de ninguna de las maneras abrir ahora un nuevo frente más sobre el futuro de la monarquía en España.
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