Los debates del Parlamento (rencillas callejeras)
Antes, interesaba de ver a nuestros políticos debatiendo los temas que a todos nos atañen, ahora es vergonzoso escucharlos, se enzarzan en discusiones personales, en sus guerras particulares de niñatos de patio de colegio sin respeto por lo que representan.
Estamos metidos de lleno en una crisis sanitaria, social y económica de mucha envergadura, pues estos señoritos pierden el tiempo en discusiones para ver quién la tiene más grande: la seriedad y la responsabilidad, no.
Es igual el orden del día, ellos a lo suyo, es igual la pregunta, la respuesta la pongo yo. Aunque los temas que discutan sean de interés (ahora no tocaba, estamos a otra cosa, y todos debieran remar en la misma dirección), ellos se encargan de rebajarse mutuamente y de convertir el tema en pelota de tenis, sin importarles más que desprestigiar al oponente en vez de centrar los temas para solucionarlos. Vienen de casa con eslóganes aprendidos, pretendiendo con ello ser considerados hombres doctos al respecto. Ustedes en el hemiciclo no deben venir a dar lecciones de historia a nadie, cada cual tiene medios para darse por enterado si es que no lo sabe. Ustedes deben respetar a los demás, pensar que quienes los escuchan discutir por tonterías y enredar las cuestiones son lo suficientemente inteligentes para darse cuenta de lo que cada cual dice o deja de decir. Respeten los temas, las preguntas y las respuestas, no salgan por peteneras tratando de ser listillos de turno para dejar mal al del partido contrario (Gobierno u oposición). Primero está lo urgente, luego lo importante, cuando les sobre tiempo después de solucionar todo lo anterior, entonces, solo entonces, presuman de todo ello.
Si no son capaces de hacerse entender y pactar con la que tenemos encima –una crisis sanitaria, social, laboral y económica de mucha envergadura–, no sé para cuándo ustedes madurarán. El bicho está poniéndose las botas por ustedes ser unos irresponsables y unos ególatras sin sentido.
¿Es que no hay nadie? Recordamos discursos de ministros, presidentes, alcaldes, políticos de todos los tiempos, discursos que dejaron boquiabiertos a todos, ahora es imposible, se necesita otra seriedad, otra autoridad moral y personal, tener otro porte y otra personalidad que ninguno tiene. Claro que hay políticos dentro del Gobierno muy capaces, en la oposición también, pero se dejan llevar por un sistema de seguidismo para mantenerse cerca de esos líderes y ejecutivas tan mediocres. No se atreven a salir ninguno y plantarles cara, donde quien se mueve ya no sale en la foto jamás. Todo eso se acabaría con el voto directo y personal, con el voto secreto en el hemiciclo y eliminando ese ovejerismo parlamentario, eso que llaman disciplina de partido, cuando no es más que hacerle la pelota al jefe y hacer de ovejita lucera a la orden del pastor, aunque éste les dirija hacia el barranco. No quieren cambiar nada, solo piensan en conservar el cargo y la posición. Por eso la política decae y se devalúa, cuando la tremenda realidad es que, si quedamos sin ella, solo queda la tiranía. Pero, cuidado, hay muchas maneras de tiranía, y puede venir camuflada en una falsa democracia.
No espero verlos convertido en hombres y mujeres de Estado, son unos carajillos y carajillas de mucho cuidado, espero que vayan dándose cuenta de que están descomponiendo la democracia parlamentaria, convirtiéndola en rencillas callejeras al servicio de personajillos sin seriedad y dignidad alguna.
Soy duro, pero me temo que me quedo corto, ustedes deben cambiar para hacerse respetar y, lo más importante, honrar su cargo y su vida.
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