Sobre la necesidad de recuperar el marxismo: el marxismo, una ciencia subutilizada
Con relativa frecuencia se consideran anacrónicas o se dan por superadas las aportaciones teóricas que Marx y Engels han realizado en los campos de la sociología, la historia y la economía; sin embargo, apenas han sido desarrolladas, en todo su potencial, sus teorías y no han sido extraídos, suficientemente, de sus obras, los elementos y las herramientas que pueden ofrecernos la posibilidad de abordar los desafíos a los que nos enfrentamos, de una forma creativa e innovadora.
Como ya decía Lenin, no conviene considerar a las teorías marxistas como perfectas e intocables, como si todo estuviera dicho ya, sino más bien como un punto de partida que permita desarrollar el socialismo en todas las direcciones.
Con frecuencia se hacen interpretaciones dogmáticas de las teorías marxistas con el objeto de demostrar su obsolescencia, ignorando que la ciencia que Marx esbozó y desarrolló es una ciencia dinámica que conviene reactualizar y resignificar permanentemente, de acuerdo con las condiciones materiales de cada periodo histórico y teniendo en cuenta las experiencias prácticas de los movimientos y organizaciones sociales y políticas que luchan por la superación del capitalismo y la construcción de una sociedad más justa, para, de este modo, evitar caer en la tentación de utilizar la obra de Marx como un recetario del cual extraer las fórmulas o las soluciones mágicas para aplicar a determinada realidad de una manera mecánica, cuasi automática.
Los textos marxistas revelan con suficiente claridad expositiva los mecanismos profundos del funcionamiento del sistema económico y social en el cual vivimos, así como los instrumentos mediante los cuales resolver los problemas sociales y económicos que acucian a nuestros sociedades. Y, por supuesto, un método, un modo de utilizar los conceptos desarrollados en su extensa obra, que nos permita llegar a conocer, de forma rigurosa, la realidad que se pretende transformar.
Cualquier propósito serio de transformación de una sociedad, exige un conocimiento profundo de su organización, de sus leyes de funcionamiento, de sus fuerzas sociales y sus peculiaridades históricas, de sus procesos, relaciones y modos de producción, de la coyuntura política, de su estructuración económica e ideológica, de la distribución del poder económico, militar, político, cultural, así como del contexto internacional en el cual dicha sociedad se inscribe y desarrolla.
Esto lo comprendió muy bien Marx y a ello dedicó buena parte de su obra, abriendo el camino a un método de análisis riguroso que permita abordar con detalle los aspectos sociales, históricos y económicos que determinan la realidad actual, de manera que se puedan derivar de tal estudio las acciones que, como individuos organizados, podemos ejercer sobre las estructuras económicas, sociales e ideológicas que dominan en la sociedad particular que es objeto de análisis.
Tal modo de proceder permite abordar con seriedad, flexibilidad y rigor argumental, los problemas a enfrentar en las sociedades actuales, abandonando la visión dogmática y rígida y la vana referencia a citas de las obras de Marx y Engels, en muchas ocasiones descontextualizadas, así como desarrollar creativamente las teorías y las propuestas marxistas, utilizando de un modo dinámico todo el arsenal teórico que Marx puso a nuestra disposición para enfrentarnos a realidades en constante cambio y a los nuevos modos de producir y de consumir que van surgiendo.
El capitalismo también es un sistema dinámico, que ha ido evolucionando desde los tiempos de Marx, sofisticando sus modos de explotación y de obtención de la plusvalía e incrementando el grado de concentración del poder económico. Somos convocados a consumir, pero a participar y decidir, en serio, en cualesquiera de las estructuras económicas y políticas, mientras tramos crecientes de los habitantes de los diversos pueblos continúan abocados a la marginalidad o son excluidos, directamente, de participar del producto social.
Asistimos en la actualidad a un proceso mundial de reconversión y modernización de las estructuras económicas, que permiten, de paso, realizar ciertos experimentos sociales para evaluar la capacidad de resistencia psicológica y la disposición a la obediencia de amplios grupos de población, cuando se reducen sus libertades y se incrementa el control sobre ellos.
Con cierta periodicidad el sistema necesita ajustar los flujos económicos y sus sistemas reguladores para adaptarlos a sus necesidades y, en esta ocasión, parece que los cambios profundos que se pretenden implementar en el sistema económico mundial necesitan detener y ralentizar dicho flujo económico.
Todo parece indicar que avanzamos hacia una cripto-economía y su completa digitalización, apoyada en el desarrollo, a mayor escala y progresivamente, de la tecnología blockchain, mediante la creación de cripto-estructuras que procuren mejorar la estabilidad de las instituciones financieras y un mayor control de las transacciones económicas. Estas estructuras y mecanismos prometen una mayor transparencia, seguridad y descentralización, en un intento de encubrir el velado propósito de registra y controlar más eficientemente, a su favor, todos los flujos financieros, mediante unos pocos nodos internacionales.
Una sosegada y meditada lectura de los textos de Marx y Engels nos proporcionará muchas respuestas para comprender y afrontar los desafíos teóricos y prácticos que nos propone el capitalismo contemporáneo, brindándonos una ocasión magnífica para disfrutar de la riqueza, profundidad y elegancia de sus análisis y reflexiones, así como disponer de una nueva oportunidad para desarrollar y reformular un modelo alternativo de sociedad y una metodología, fundamentalmente pragmática, que sea capaz de torcer el rumbo de los acontecimientos y reforzar la esperanza que tantas personas tenemos en la construcción de un mundo donde todos podamos ejercer nuestro derecho natural a la libertad y a vivir con dignidad, con plena satisfacción de nuestras necesidades.
El marxismo está en condiciones de contribuir a ello, al igual y al mismo nivel que otras propuestas transformadoras, de modo que en un proceso dialéctico puedan ser capaces de enriquecerse y complementarse mutuamente, en aras de un interés común en el cual todos los actores sociales y políticos podamos coincidir.
No estamos en condiciones de despreciar tan precioso legado, teniendo en cuenta la mediocridad intelectual y la superficialidad, inmediatez y ligereza con que se aborda casi todo, así como la demostrada incapacidad del capitalismo para resolver los problemas, los desequilibrios e inequidades originados por su propio devenir.
El estado poco desarrollado de muchos aspectos de la teoría marxista no debe intimidarnos, sino que más bien resulta una magnífica oportunidad para emprender un estudio más profundo y crítico de ella, que nos permita reelaborar aquellos conceptos más necesarios para el análisis de la realidad que pretendemos transformar, renovando y validando, de este modo, al marxismo como herramienta útil para analizar y transformar el mundo del cual formamos parte y contribuyendo a desarrollar y fortalecer, desde diversos puntos de vista, el necesario y estimulante espíritu crítico que permita recuperar y realizar (hacer real) la prometedora dimensión emancipatoria y liberadora del socialismo.
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