Pandemia, sin treguas pero sin trampas
Todas las ciudades, pueblos, barrios... Todos los centros educativos, universidades, institutos, colegios... Todos los ambientes culturales, de ocio, de convivencia... Todos corren el riesgo de ser infectados por el dichoso covid-19.
Cuando digo todos me estoy refiriendo a todo el mundo civilizado. Un covid-19 sin fronteras no distingue ni países, ni culturas, ni colores, ni ricos, ni pobres...
La pandemia ha declarado una gran guerra mundial contra algo que la ciencia, sola, no puede vencer.
Las guerras se pierden, esencialmente, por tres motivos: la falta de medios militares, la falta de voluntad ganadora y la ausencia de auténticos mandos operativos.
En España, ya casi deshilachada por la indiferencia irresponsable de sus políticos, nos han fallado las tres cosas:
El virus nos pilló sin suficientes instrumentos sanitarios, sin auténtica voluntad de solucionar el problema (no se eligieron los mejores profesionales sino los más obedientes a los políticos) y sin normas y leyes de guerra.
Todo el mundo conoce lo que en tiempos de conflictos bélicos se denomina "juicios sumarísimos".
El espionaje interno, el robo de material militar, el abandono de los puestos de guardia, el hurto de víveres de campaña, etcétera, eran sometidos a la pena máxima de forma inmediata, con el mero trámite de la identificación.
Aquí, ahora, con más de 50.000 muertos, ante una guerra tan sutil y desconocida, las reglas más esenciales que salvaguardan la firmeza de sus fuerzas son inexistentes...
Si el incumplimiento de las normas, impuestas como medidas para intentar derrotar al covid-19, no lleva consigo un proceso sumarísimo, con sanciones "ejecutivas muy duras" y con el mero trámite de la identificación, hemos perdido la guerra.
Un país incapaz de parar los botellones, incapaz de exigir la mascarilla, incapaz de hacer respetar las distancias, incapaz, en definitiva, de hacerse respetar... ha perdido la guerra.
Si cada incumplimiento hubiera traído consigo sanciones dinerarias "fuertes", calabozo incluido hasta que no fueran pagadas y con la alimentación a cargo de las familias correspondientes... ¿qué habría pasado?, ¿dónde estaría ahora el covid-19?
Para conseguir todo eso hacen falta inteligencia, mandos y firmeza, pero sobre todo tener un gran respeto por el propio país.
Aquí, ahora, en España, nos han faltado las cuatro cosas: el conocimiento, los dirigentes, la firmeza ejecutiva y, sobre todo, respeto y amor a nuestra patria.
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