El mundo es un pañuelo
El mundo es un pañuelo, y en los pueblos más pequeño todavía.
No era de esperar. Nadie contaba con tantas restricciones en este año, con nuevas medidas para moverse, con nuevos protocolos para viajar cuando lo permitieron. Eran impensables todas las medidas con las que ahora nos hemos familiarizado. Pero el virus no ha hecho entrar en razón; y si no lo hizo el virus, lo hizo el protocolo que nos dictaminaron y que vamos cumpliendo a rajatabla, a veces por miedo al propio virus y otras porque es la única forma de formar parte de la vida misma, de visitar a familiares que tanto nos apetece ver, y de que nos visiten aquellos a quienes queremos. Todo sea por la salud.
Y en ello estábamos cuando nos visitó una sobrina que vive en el extranjero. Habíamos tenido un "año muy malo" y sentíamos la necesidad de vernos y arroparnos entre nosotros.
En cuanto las circunstancias lo permitieron, viajó a España con su PCR hecha y dando negativo.
Todo perfecto, pero para volverse a donde tiene su vida y el trabajo, necesitaba de una nueva PCR hecha en España con un margen de 48 horas antes de embarcar en el avión.
Ahí empezaron mis ruegos y oraciones. Digo ruegos porque toqué muchas puertas para que se le hiciera la PCR en mi lugar de trabajo (un hospital). Nadie crea que traté de conseguir "enchufe" para que se la hicieran gratis. Desde el momento uno dije que nos lo facturasen. Lo único que pedía es que fuera dentro de esas 48 o 50 horas anteriores al vuelo. Toqué varias puertas, y algunas con buena voluntad me indicaron otras puertas que les parecían mejores y más eficaces. Y así lo hice, fui siguiendo indicaciones hasta llegar a quien me lo podía resolver sin problemas.
Hubo mucha gente apoyando y tratando de llegar a esa solución por distintos medios. Pero todo fue en vano. Lo único que conseguí fue una lista de "sitios privados" que, después de varias llamadas, me quedó claro que no cumplían con las horas o el día que necesitábamos o eran para sus trabajadores. Normal, algunas empresas protegen a los suyos.
No solo no nos dejaron hacer la prueba en el centro, el veto era para nuestra área. En este punto me daban ganas de rezar en arameo
Buscamos por nuestra cuenta una clínica en Avilés, donde, tanto al teléfono como en persona, nos trataron con esmero.
Se pagó y asunto resuelto. Solo hubo que trasladarse 90 kilómetros.
Pasados unos días, y como el mundo es un pañuelo, me entero de que se dio la misma circunstancia con familiares de otros trabajadores. En estos casos sí resolvieron, ya da igual si gratis o pagando. Yo soy celadora promocionada a auxiliar administrativo. Quiero pensar que en la resolución del problema no tiene nada que ver la categoría profesional de los familiares.
¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio (Albert Einstein).
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