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En agradecimiento al personal del Hospital Monte Naranco

4 de Octubre del 2020 - Francisco J. Delgado Rivero (Oviedo)

La tarde del pasado domingo 27 de septiembre el corazón de Santi dejó de latir para siempre. Un adiós demasiado temprano, a sus 49 años, tras once meses luchando contra una enfermedad, el cáncer, que acaba con la vida de unos 9 millones de personas al año en el mundo y a la que se destinan muy pocos recursos para tal magnitud. Un adiós que, además de llegar excesivamente pronto, es injusto, porque era una buena persona, trabajadora y familiar, y cruel, porque además de esposa, hija, hermanos y sobrinos a los que adoraba, también tenía padres a los que se les ha arrebatado lo único de lo que no querrían jamás desprenderse, un hijo.

Esta sociedad tiene grandes limitaciones. Además del cáncer, el hambre y las guerras sitúan al ser humano en una encrucijada de la que parece no sabe salir, poniendo muchas veces por delante el bienestar material y la riqueza, mientras buena parte del mundo sufre los estragos de hambrunas, guerras y miserias. Y ahora la pandemia ha vuelto a poner en evidencia la fragilidad del ser humano y de su conocimiento tan limitado, que está viendo cómo un virus, iniciado en un paciente cero, se ha llevado ya la vida de más de un millón de personas y generado una crisis económica severa de la que se desconoce cómo salir y cuándo.

En estas líneas queremos agradecer, de corazón, el cuidado del personal de la primera planta del Hospital Monte Naranco durante los casi dos meses que Santi ha estado hospitalizado, ya que no era posible mantenerlo en el hogar de forma digna dado su deterioro. La humanidad y la cercanía con la que le han tratado, y también a nosotros, son dignos del agradecimiento más sincero y profundo. No alivia el enorme dolor que tenemos por su pérdida, pero ha permitido que, junto a nuestro acompañamiento las 24 horas del día, haya podido transitar con el menor sufrimiento y mayor cariño posible por esta última parte de su vida.

Tampoco podemos olvidarnos del equipo del Dr. Rial de neurocirugía del HUCA. Santi tenía plena confianza en su labor y estaba totalmente entregado a sus decisiones y recomendaciones, aun sabiendo siempre las dificultades de su diagnóstico, un letal gliobastoma de alto grado del que es casi imposible sobrevivir a pesar de operaciones, radioterapia y quimioterapia. Su humanidad fue siempre absoluta y le estamos eternamente agradecidos.

También queremos expresar nuestro agradecimiento a sus compañeros de trabajo de Cafés Oquendo, y en especial a su director, Juan Díaz, por estar pendientes en todo momento de su evolución y por la cálida misa de despedida que organizaron y que siempre estará en nuestro recuerdo.

Y finalmente a Carlos López Otín, cuya talla humana es incluso superior a su extraordinaria talla profesional como investigador, por sus palabras en estas últimas semanas y su capacidad para sentir y transmitir en estos complicados momentos. Su obra "La vida en cuatro letras" está siendo un apoyo sustancial para comprender mejor la vida, la enfermedad y la muerte.

Por supuesto, en este duro camino también nos hemos encontrado con algunas dificultades y desencuentros, máxime en un contexto donde el covid-19 ha entorpecido y limitado la atención sanitaria a enfermos, de coronavirus y el resto de enfermedades. No es momento ni lugar de enumerarlos, pero, solo por citar un par de asuntos, recordamos con tristeza algunas de sus no pocas visitas a urgencias, donde en ocasiones el triaje le deparaba una tarjeta de color verde para un paciente como él, y una de esas veces tuvo que estar toda una semana hospitalizado y en reposo absoluto; y también cómo un viernes de julio a mediodía por fin conseguimos que su médico de cabecera le visitase en el domicilio en lugar de vía telefónica dada su gravedad y nos informa que los cuidados paliativos no trabajan el fin de semana y que ya se pondrían en contacto con nosotros el lunes o martes. Esto no puede ser. Los cuidados paliativos no se eligen, los enfermos que los necesitan, y sus familiares, no miran el calendario. Eso sí, su atención en esos días siguientes fue cercana y humana y ayudó a afrontar esos tremendos momentos tras recibir la trágica llamada de neurocirugía certificando que ya no había tratamiento alguno.

Sirvan estos párrafos, por tanto, de agradecimiento al personal del Monte Naranco, pero también de petición de más recursos para investigación contra el cáncer y de mejora de la sanidad pública en aquello en lo que tiene carencias. Y también de pequeño homenaje a una persona trabajadora, ya desde los 15 años, y cuyo sueño o plan de futuro era poder emprender un pequeño negocio, muy personal, muy suyo, relacionado con el mundo del café que tanto le apasionaba. Estamos seguros de que allá donde esté, sin duda en un gran lugar y merecido, ya sin dolor ni enfermedad, podrá cumplir ese sueño. Tu familia te lleva en el corazón. DEP.

Familia de Santiago Delgado Rivero

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