Aquellos curas recolectores de los años 50
Hace ya muchos años, Feliciano, cura de sastrería conventual, se dedicó a llevar a cabo una labor "señalada" como proselitismo invasivo por los que hoy, como fariseos modernos, lavan diariamente la cabecita de jóvenes con ideologías que, al contrario de las de Feliciano, duran justo el tiempo que les dan para comer y enriquecerse.
A Feliciano el tiempo le hizo un monumento, con la ilusión y con las aportaciones de cientos de beneficiados de todos los colores. Padres y "madres", agradecidos también, por el "gran regalo" hecho a sus hijos de una formación seria, encuadrada, y a la vez abierta y sobre todo reflexiva.
A Feliciano, si hoy le viéramos, ya no le reconoceríamos, pero todos... todos le llevaremos en el corazón, aunque el tiempo nos haya endurecido.
Entre esos cientos de "elegidos", hoy, hay agnósticos, indiferentes, respetuosos, piadosos y fervientes creyentes, pero todos llevan el estigma de una semilla no perecedera, que día a día da el fruto que Feliciano impregnó:
"La verdad, vuestra verdad, os hará libres".
¡Feliciano, sacerdote marianista, gracias!
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