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Asturias: regocijo vacacional

5 de Octubre del 2020 - José Viñas García (Oviedo)

Sería lo que dicen de Asturias los que no viven en ella (no es lo mismo venir de vacaciones a evadirse que sobrevivir aquí) si no fuera por el aislamiento que padece por tierra, mar y aire, inclusive para las telecomunicaciones, no hay conexión de alta velocidad (banda ancha) en casi ningún lugar de esos que dice la OCDE que podrían ser de crecimiento en empleo a distancia. ¿Cómo revitalizar las zonas rurales y atraer población a tan lejana posibilidad de disponer de alta velocidad de internet para facilitar ese teletrabajo de nadie?

Es más, esta sería, después del coronavirus, la misión más importante de nuestros gobernantes, poner al día cada rincón de nuestra comunidad en cuanto a tener acceso a la banda ancha. Eso dispondría no solo de familias que vendrían, sino que a los hijos de los que están se les abriría la posibilidad de poder quedarse y no como ahora tener que emigrar en busca de un futuro que se les niega cerca de los suyos y de sus raíces.

Luego, quedaría el tema del ecosistema sustentable o sostenible, donde cuatro políticos desde el séptimo piso de una gran ciudad, rodeados de la mayor de las comodidades: Calefacción, aire acondicionado, coches, aviones, aceras, grandes superficies... pretenden regular la fauna y la flora de todos aquellos que la padecerán, es más, de todos aquellos que la cuidaron y protegieron hasta ahora; los que convivieron entre ella sin mayor problema, para ahora tener que abandonar propiedades, viviendas, pueblos enteros por masificarles de bestias salvajes para complicarles sus vidas y su supervivencia. Ya no pueden criar sus ovejas, cabras, terneros, cerdos, gallinas... se las matan los osos y los lobos. Ya no pueden sembrar, los jabalíes les destrozan las cosechas. Ya no pueden producir quesos y carnes de denominación de origen Asturias, al menos con la calidad requerida y el precio a pagar por el cuidado continuo de que esos lobos no les maten sus animales domésticos. Ya no pueden producir miel y frutos sin pérdidas económicas y de esfuerzo en protección para que los osos no se lo coman todo. Ya no pueden pescar truchas y salmones, los ríos no se cuidan, los invaden nutrias, cormoranes y otros bichos que se ponen las botas.... todo es inconveniente para las familias que deciden vivir en las zonas rurales, por eso, cientos de pueblos se quedan despoblados. Luego se les llena la boca de agua hablando de la España o la Asturias vaciada.

No hay duda de que hay que encontrar un tente entre ese ecosistema sostenible y las gentes, es más, formaban parte de él desde siempre, hasta aparecer una especie de ecologismo moderno, donde prima el moralismo a un estudio serio de lo que puede ser y estar; en todo ello, lo primero, las personas, luego todo lo demás tendrá su lugar. No es posible introducir osos, lobos y jabalíes sin regulación alguna sin tener en cuenta el perjuicio a personas, bienes, animales domésticos y empresas.

En Asturias cerraron minas, cerraron térmicas, cierran toda la industria sucia y se olvidan de reindustrializar con esas energías renovables que no vemos por ningún lado, al menos para paliar el daño en el empleo perdido. Asturias tiene un futuro más negro que antes con el carbón, vienen tiempos de miseria, a pesar de lo que dice la OCDE, no es un lugar de oportunidades laborales. Las que vengan, serán de menor valor añadido y la pobreza está servida en bandeja fina, aliñada con verdes montes, ríos de aguas claras y bestias jugueteando por entre la belleza paisajística y la infelicidad de las gentes.

Lo vemos con esta crisis, las regiones que dependen del turismo están a merced de la prosperidad de los demás. Asturias necesita proyectarse más allá, no dejar su futuro en manos de cuatro ecologetas y políticos que piensan vivir del cuento toda la vida. La vida es más que eso, a nuestros hijos debemos dejarles al menos las mismas posibilidades que nuestros padres nos dejaron a nosotros, el resto es egoísmo e irresponsabilidad.

Es la región de Europa con menos natalidad, la más envejecida, cargada de prejubilados, jubilados, viudas... cuando estos desaparezcan, saldrán a relucir las verdaderas precariedades que les dejamos a nuestros descendientes.

Nadie puede sentirse orgulloso de permitir que desde Madrid nos dejen solo para regocijo vacacional.

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