¿Que no cunda el pánico?
¿El coronavirus existe? Esta es la pregunta retórica que me hago ante la (a mi juicio) nefasta gestión de la pandemia por parte de la Facultad de Formación de Profesorado y Educación de la Universidad de Oviedo.
Este año escolar 2020/21 me encuentro en este centro cursando el máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional. Ante la crisis ocasionada por el covid, se ha decidido que los másteres fuesen de modalidad semipresencial. Dentro del plan de estudios del máster que curso, solo tengo que acudir a la Facultad para la impartición de una asignatura específica (algo que, por otro lado, veo muy arriesgado dado el empeoramiento de la situación sanitaria en Asturias), cuyo temario se imparte martes y jueves de forma presencial y en la que hay menos alumnos que en las asignaturas troncales (que se imparten de manera online). Ante esta situación, y contra el protocolo de contingencia de la Facultad, algunos profesores no dieron su brazo a torcer desde el primer momento y han ocasionado muchos problemas al alumnado: en lugar de facilitar la asincronía que la coordinación del máster había prometido procurar tener, las clases de los martes y los jueves se harían síncronas, sin querer tener en cuenta la situación de una gran parte no residente en Oviedo y, por lo tanto, obligando a aquellas personas a permanecer en la Facultad para escuchar una clase impartida online y retransmitida desde el despacho, situado a pocos pasos de las aulas; todo ello con una deficiente conexión a internet y muy pocos enchufes para poder cargar los dispositivos electrónicos. Todo esto la propia primera semana de curso, comenzado el pasado 14 de septiembre.
A esto se le ha de añadir la cuestión de la ventilación, esencial para contener la expansión del virus: dada la infraestructura de la Facultad (de pasillos muy estrechos), los alumnos que tenemos que ir a clase presencial debemos bajar a la entrada para evitar aglomeraciones entre descansos, y coincidimos con otros estudiantes en nuestra misma situación.
Ante este desastre, varios alumnos elaboramos una queja colectiva, y hemos tenido una reunión con los responsables de nuestra gestión, que agradecieron la comunicación, pero que, por el contrario, nos tacharon sutilmente de exagerados a la hora de calificar ciertas cuestiones como la conexión wifi, y aseguraron no sentirse identificados con algunos detalles que planteábamos en el escrito. No sé qué pensarán mis compañeros con respecto a la gestión del coronavirus y a estos sucesos que aquí les narro, pero yo, personalmente, me he sentido poco escuchada.
Actualmente, dada la gravedad de la situación sanitaria en Asturias (donde se ha decretado alerta naranja en varios concejos), confieso tener mucho miedo a acudir a clase pues, por muchas medidas que se tomen, la enfermedad sigue ahí, y siento que la Facultad, por mucho que manifieste lo contrario en sus correos, ignora la enfermedad y quiere seguir adelante con la semipresencialidad, poniendo en riesgo sus propias vidas y las de los demás. Yo veo que hay gente muy tranquila con este asunto, pero yo, sinceramente, no puedo evitar alarmarme ante algo tan fuerte y tan real como es el coronavirus, y voy a poner de mi parte por prevenir un mayor número de muertes e ingresos en hospitales. Todo ello por mis seres queridos, por conocidos y desconocidos, y por mí misma.
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