Salud, economía y ocio
La pandemia que nos invade, nos atemoriza a unos, ignoran otros e incluso aterroriza a no pocos suscita múltiples debates y controversias.
Una de las más virulentas es la que mantienen las administraciones central y autonómica de Madrid, con intervención judicial de por medio. Otra no menos polémica es la que enfrenta a ciertos sectores económicos y científicos.
El mundo científico y sanitario repite hasta la saciedad que sin salud no hay economía, cosa bien cierta, y el mundo económico, afortunadamente no todos, clama ayudas y evitar las restricciones, como si no hubiera ejemplos sobrados de contagios en el mundo laboral o como consecuencia de aglomeración en los distintos ejercicios del transporte o del ocio.
Una de las asociaciones más beligerantes y que con más contundencia critica las medidas de las Administraciones encaminadas, supongo, a evitar la transmisión de la enfermedad y en extremo la muerte de las personas es la que deriva del mundo hostelero. A menudo salen en los medios de comunicación criticando, poniendo en duda o incluso acusando de algún prejuicio contra ese sector económico.
La última "ocurrencia" de parte de este sector es que la alerta naranja decretada por el Gobierno del Principado está orientada a generar miedo.
Señores del gremio hostelero, en Gijón hay 154 contagios por cien mil habitantes, algo así como cinco veces más que la media europea y el triple que la media de Asturias. Por supuesto es una incidencia muy inferior a la que hay en Navarra o en Madrid, pero sí lo suficientemente preocupante parra que recomienden, que no obliguen, a limitar las reuniones y congregaciones, sin miedo pero con precaución.
Ahora saldrán los agoreros a señalar el gran número de negocios que van a cerrar en los próximos días como consecuencia de las distintas recomendaciones/restricciones, de la necesidad de ayudas económicas, y yo mantengo que el dinero público, para lo público, sanidad, enseñanza, dependencia y asuntos sociales. Lo privado, a la cola.
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