El covid nos bajó al suelo a todos
Algunos vivían en las nubes, otros despistados, los que más, sin apreciar la vulnerabilidad de la que gozamos.
Hoy estamos, mañana quizá no. Hoy disfrutamos, mañana quizá lloremos. Hoy nos aman y amamos, mañana igual no tanto. Hoy tenemos salud, mañana podemos enfermar. Hoy estamos enfermos, mañana podríamos estar mejor. Hoy llueve y hace frío, mañana calentará y saldrá el sol. No podemos estar lamentándonos en cada instante, hay que sacar jugo y partido a todo. Hoy somos felices; para seguir siéndolo, dependemos muy mucho de factores externos, no todo lo controlamos, pero, es curioso, somos más infelices de lo que debiéramos ser, el egoísmo y la insolidaridad conforman un paquete dispuesto a estropearnos cada momento que debiéramos aprovechar.
La vida hay que honrarla siendo valientes, nobles, leales, buenas personas, solidarias, sensibles... aceptando imperfecciones y errores que todos cometemos en algún momento de nuestra vida. Buscar la perfección es la manera más sencilla de ser infelices, nadie es perfecto, por eso debemos perdonarnos a nosotros mismos, para luego saber perdonar a los demás.
Ahora, con la pandemia, las restricciones y los confinamientos, escuchas a los inconformistas más que nunca, el joven porque quiere divertirse como si nada ocurriera, el mayor porque dice le queda poco tiempo y quiere aprovecharlo, el que tiene dinero porque quiere gastarlo, viajar y darle mecha a la vida, el que no lo tiene porque tiene menos posibilidades de poder normalizar alguna vez su situación... Pues les diría a todos ellos que siempre hay alguien peor que usted; hay que saber conformarse muchas veces con los designios que la vida nos depara, y, en vez de lamentarse, luchen por sus sueños. “Solo hay una cosa que hace que un sueño sea imposible de lograr: el miedo al fracaso” (Paulo Coelho).
Se me murió el hermano mayor muy joven hace años, el hermano pequeño también se marchó joven hace poco (personas irreemplazables a los que quería y me querían, eso es lo que no tiene remedio, el resto sí); al que me queda le afectó un ictus del que podrá recuperarse sin problemas; el peor de todos ellos (yo), el más beneficiado no porque no tenga contratiempos, más bien por estar rodeado de una familia imposible de superar, los amigos (todos enormes), por varias razones, todos un poco abandonados. “No midas tu riqueza por el dinero que tienes, mídela por aquellas cosas que tienes y que no cambiarías por dinero” (Paulo Coelho).
Sigo pensando que muchos se quejan de vicio, no piensan en quien está peor, solo tienen ojos para quien ven mejor; cuidado, que esos que vemos mejor con nuestros ojos, si profundizáramos en sus vidas, veríamos que no es oro todo lo que reluce.
Quien es mayor tiene que estar agradecido de llegar hasta esa edad, otros se quedaron por el camino, debemos pensar que no somos eternos e ir aprovechando cada día y cada instante de lo que podríamos disfrutar, de no estar pensando en egoísmos y envidias. Se nos van padres, hermanos, familia, amigos y vecinos… ¿Cuántas cosas dejamos de decirles? Es tarde, no sigan cometiendo el mismo error, digan y escuchen antes de perderlos o perderse.
El virus no nos hará mejores, pero nos dejó una cosa clara: la muerte acecha a personas sanas y enfermas, a los jóvenes y a los mayores, a los ricos y a los pobres... todos caeremos en sus redes, ¡caray! Seamos mejores personas y procuremos sonreír siempre a los demás.
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