Cuarentena judicial
“Los líos de pantallazos y tarjetas de móvil de contenido escabroso son ya un clásico en las tórridas e inmaduras relaciones entre adolescentes. Lo insólito es que Iglesias, un mozallón de cuarenta y pico, quiera ocultar sus vergüenzas bajo los ropones de los jueces y elevar a cuestión de Estado sus líos de faldas”. Con este desparpajo se expresaba en estas páginas (LA NUEVA ESPAÑA del 9 de julio) un tipo pretencioso que hasta se cree más preparado que la disputada socialista Adriana Lastra.
El caso es que si el “mozallón” buscó cobijo en los ropones de los jueces, ya puede decirse que fue por lana y salió trasquilado. El juez Castellón, que lleva el caso, dado que el mozallón es aforado, eleva el asunto al Supremo pidiendo se le abra causa a Iglesias por los delitos de “revelación de secretos, secuestro y daños de material informático, y denuncia falsa”. El juez llegó a la conclusión de que la dichosa tarjeta llegó a manos de Pablo antes que a las de Villarejo y que los contenidos íntimos difundidos tienen origen en pantallazos efectuados y comunicados por Dina a terceros antes del robo del móvil. De “cloacas del Estado”, nada; un sórdido asuntillo de promiscuidad y alcobas mal ventiladas.
Esta sería la lectura de los hechos realizada por un juez conservador, no “comprometido” con el ideario de la nueva política. Se le puede oponer una lectura progresista, políticamente correcta (valga la redundancia), según la cual el instructor se obsesionó con el caso hasta convertirlo en monotema. En realidad, a ese señor le importa un pimiento la tarjeta de marras, lo único que le inquieta, como a otros muchos, es que “los comunistas” estén en el Gobierno, por eso insiste en la culpabilidad del líder de Podemos mientras soslaya la gravedad de las actuaciones de otros, como las del anterior jefe del Estado.
Echenique centra certeramente la cuestión: la justicia se imparte en nombre del Rey, mientras los dirigentes de Podemos se manifiestan abiertamente pro republicanos. Una militancia que incomoda a la justicia de la monarquía: la imputación del Vicepresidente pone más de relieve, si cabe, la urgencia de renovar el CGPJ e, incluso, la del cambio de régimen. Una República con Baltasar de presidente. Y Dolores en la Vicepresidencia. Por lo menos se ahorraría en vajilla. Beben en la misma copa.
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