La alarma del Estado y el estado de alarma
Si el Estado es, según la definición de la Real Academia Española de la Lengua, una forma de organización política, soberana e independiente, que integra la población de un territorio, llamémosle España, y esa población somos nosotros, o sea, los españoles, quiere decir que el Estado somos, en consecuencia, los ciudadanos de este maravilloso país llamado España, un país que está profundamente alarmado. Es decir que somos un Estado alarmado.
No crean que quiero jugar con las palabras de la misma forma que los políticos están jugando con nosotros, pero me ha parecido oportuno considerar los conceptos “estado de alarma” y “alarma del Estado” porque se pueden confundir y, sin embargo, son diametralmente opuestos en cuanto a su significado, ya que el segundo es consecuencia del primero, o dicho de otra manera, mediante el primero el Gobierno nos priva de libertad, y de esta forma consigue que el Estado, es decir, nosotros, los ciudadanos, los españolitos de a pie, y en este caso concretamente nosotros los madrileños, nos asustemos seriamente porque se ha generado en la población un estado de alarma de tal nivel que nos paraliza, nos anestesia y nos acongoja.
Llegan rumores de que el Gobierno está negociando un contrato no sé si con Securitas Direct, con Prosegur o con alguna de estas empresas especializadas en alarmas de seguridad para que instalen en nuestros hogares un “detector de escapadas” conectado con el CNI, pero como son rumores yo no me creo nada, que bastante tengo con mi propio estado de alarma que es personal, intransferible y a prueba de cualquier corte de corriente que afecte a nuestro propio sistema de seguridad personal porque estamos ya inmunizados ante los vaivenes de quienes nos gobiernan.
Ya sé que esta carta excede de la extensión requerida, pero quería decir muy alto que estoy harto de que nos toreen, aunque no estoy seguro de haberme sabido explicar.
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