De los falaces, amigo Sancho
“En aquel cantar de gesta ya se daba relumbre al gandul que de caballero se investía. Nunca velaría armas ni conociera celada o batalla ni rasguño, estimado Sancho, pero lucía estampa gladiadora y parecer pareciera que la postura le bastara para la impostura ejercer.
Tanto falseaba y tales artes usaba, del mismo Fierabrás conjuro pareciera poseer, que no tardara en tener huestes de discípulos de poco seso y poetastros de la legua que cantaran sus lides soñadas solo con ver su figura recortada sobre algún cerro.
Bien pudiera alguien creer y dar fe de su oratoria, mas todo era ornato en cuatro decires enrevesados de escasa esencia.
Mas brujería hubo de ser que, cuanto gañán zafio tuvo noticia de la leyenda, disposición puso en militar en la horda, sin poner duda en cargar con estandartes y garrotes para apalear desleales.
Caso es que forjó fortuna al servicio de terratenientes y usureros y hasta algún hidalgo venido a menos se alistó en su hueste por mor de recobrar honra.
Todo esto viene, leal amigo, a que fíes más de voluntades que de efigies, de sustancia que de vasija, y que la fanfarria no te nuble el seso y te haga defender aventuras de mala yerba e interés bastardo.
Que cuando te hablen de defender tu hacienda con artes de banderolas y redobles de campanas, bien querrán sangrarte hasta el último gorrino para cebar a su amo.”
Don Juan Luis de Cargantes a la Piedra.
El apócrifo de Mieres.
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