Café con mascarilla
Escribo esta carta para mostrar mi indignación ante la visión que ofrece un paseo por Oviedo a la hora del vermú (a cualquier hora, en realidad).
Veo locales pequeños en cuyo interior se hacina la gente sin mascarilla... parece una imagen de otra época.
Si en su día se hizo obligatorio el uso de mascarilla en las terrazas (solo quitarla en el acto de comer y beber, cosa que también está lejos de cumplirse), menos entiendo esta actitud en el interior. Tengamos en cuenta también que está más que probada la elevada transmisión por el aire del virus.
¿Dónde está la Policía para vigilar que se cumpla esta normativa?
¿Por qué a unos sectores se les exige un cumplimiento exhaustivo (comercio, cine, colegios, transporte...) y con la hostelería se mira para otro lado?
Dicen que las restricciones merman el consumo… más lo reducirán cuando la ausencia de su cumplimiento nos lleve al cierre y confinamiento.
Yo prefiero un café con mascarilla a nada de nada.
Luego nos rasgaremos las vestiduras... alerta naranja… cómo ha podido pasar... los jóvenes... cuidemos a nuestros mayores.
Pues empecemos por aquí, que es bien sencillo... Los niños están demostrando en los colegios que son capaces de llevar la mascarilla puesta todo el rato salvo en el momento del aperitivo... ¿por qué los adultos no?
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