Detrás había otro monte
La declaración del vicepresidente segundo de “avanzar hacia un horizonte republicano” despierta cierto desasosiego en algunos ambientes. Debería ser lo contrario; esa declaración tendría que funcionar como lenitivo para los que no añoran la primera ni la segunda República, ni les tienta el menor deseo de una tercera. El horizonte es por definición inalcanzable. Ya lo dice la canción. “Detrás había otro monte, detrás había otro monte igual que el anterior”.
Cuando Puigdemont y demás chusma del montón creyeron haber alcanzado el horizonte y declararon su republiqueta independiente, en vez de encontrarse un Estado con osatura y presupuesto, se encontraron con una “ensoñación”. Que es lo que hay detrás del horizonte. Tan absortos y ensoñados se encontraban en su ensoñación que no acaban de salir de su “Estado” catatónico. Y, ojo, en tres años de república ensoñada, van con tres expresidentes y un presidente en funciones con sus respectivas escoltas, sueldos, coches oficiales, secretarías. Mientras en 40 años España tiene el primer rey jubilado y el segundo acaba de empezar. Le sale mucho más cara a la Generalidad la república de ensueño que a España la monarquía parlamentaria.
Pablo es pragmático, no juega con las cosas de comer. Coqueteando con una república en el horizonte, se asegura una confortable jubilación en un paisaje monárquico. Con la contribución del sufrido contribuyente (valga la redundancia), amortizará sin agobios la hipoteca, manteniendo muy alejado el horizonte del desahucio; que es al fin y al cabo el horizonte de toda hipoteca por más que la señora Colau se cuadre en jarras. Iglesias coquetea con la república para rascar algunos votos, un bien perecedero y escaso.
Coquetear con la república desde los pesebres de la monarquía lleva consigo hacerle feos al Rey. Hay tenéis a Garzón junior diciendo que “el Rey maniobra contra el gobierno”. Garzón junior, valga la redundancia; porque garzón es sinónimo de mancebo y de zagal: muchacho casi imberbe. Si el mancebo del vicepresidente hubiese dicho “el Rey borbonea”, hubiera despertado un rumor de admiración: Mira, el mozo; tan pocos años y hablando con propiedad del vicio político de los Borbones (Alfonso XIII arruinó su autoridad abusando del borboneo).
Pero dijo “maniobra”, como si Felipe VI peleara por un puesto en las listas de una agrupación local. Y el otro, henchido de ardor guerrero, se arranca con una lírica de frente de juventudes: La mirada clara y lejos, avancemos hacia un horizonte republicano. Y Errejón, en perpetuo cuarto menguante, asociado con Manuela, después que el Otro le birlara todas las novias. Estos zagales cuarentones de la nueva política, al que no le falta un hervor le falta un verano.
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