Siempre listos para transmitir esperanza
La OMS informa de 800.000 suicidios al año en el mundo y el INE de 10 diarios además de 200 tentativas cada día en España. Estos son los registrados aquí de esa pandemia oculta, que crece en todo el mundo. Por pura consecuencia, la pandemia vírica está agravando la situación provocando más depresión, ansiedad y estrés, por el miedo, el distanciamiento físico y la desesperanza.
Al parecer son los adolescentes, los mayores y los que ya arrastraban algún trastorno las principales víctimas. Sé por mi amigo José Mari –bombero ya jubilado– que tanto bomberos, policías y medios de comunicación procuran ser escuetos en la información por el peligroso “efecto llamada” que puede tener en algunas personas, especialmente en los jóvenes.
Está la familia y los tratamientos médicos, pero, no obstante, también es útil que todos tomemos conciencia de la necesidad de estar alerta, por si podemos hacer algo. Cada intento de una persona, especialmente los jóvenes, por quitarse la vida, es una manera de reclamar ayuda y atención. ¿Quién estará a su lado para brindársela antes de que sea demasiado tarde? El temor y la insensibilidad de la sociedad pueden llevar a los jóvenes vulnerables al borde del suicidio.
Shakespeare escribió: “El amor consuela como los rayos del sol después de la lluvia”. La Biblia dice: “El amor nunca falla” (1 Corintios 13:8). El problema de los jóvenes proclives al suicidio está ligado a esta cualidad. Los jóvenes tienen, por lo general, una necesidad imperiosa de sentirse amados y aceptados. The American Medical Association Encyclopedia of Medicine explica: “Los suicidas normalmente se sienten terriblemente solos; lo único que a veces se necesita para evitar el acto de desesperación es la oportunidad de hablar con alguien comprensivo y compasivo”. Con el consuelo que Dios mismo nos brinda, quizá podamos hacer algo si hay oportunidad. “Él nos consuela en todas nuestras pruebas para que nosotros podamos consolar con el consuelo que recibimos de Dios a los que están sufriendo cualquier clase de prueba” (2 Corintios 1:3,4).
Recogemos el consuelo de Dios en su Palabra, allí están sus promesas de futuro –“Venga a nosotros tu Reino y hágase tu voluntad en la Tierra”– y su consejo para soportar este desmadrado presente: “No os inquietéis por cosa alguna, sino que, en todo, por oración y ruego junto con acción de gracias, dar a conocer vuestras peticiones a Dios, y la paz de Dios que supera a todo pensamiento guardará vuestros corazones y vuestras facultades mentales mediante Cristo Jesús”. (1 Timoteo 2: 3-6). El amor nos impulsará a transmitir esta esperanza.
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