A la Unión Europea le entran dudas
Mucho “Himno de la alegría” en la triunfante puesta en escena del Gobierno la pasada semana, donde solo faltó que el presidente recitara a Calderón: “¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.
Es lo que tiene vender la piel del oso, antes de cazarlo. La maldición de Mitrofán (el oso que presuntamente mató Juan Carlos I en una cacería en Rusia) se ha cumplido con una tribuna del prestigioso periódico suizo “Neue Zürcher Zeitung”, donde un tal Friedrich Leopold Sell viene a sacarnos de la catarsis colectiva con este contundente diagnóstico:
“Sería una irresponsabilidad por parte de la UE ayudar a España, dada la altísima inestabilidad política. No está lejos de ser un Estado fallido”.
Alarma, alerta y nerviosismo. La UE se hace cruces temiendo que la bomba letal que suponen un Gobierno resultante de una amalgama de sediciosos convictos, populistas antisistema y terroristas reconvertidos, más el destrozo incuantificable producido por el covid, se convierta en un “revival” de una nueva edición actualizada del cuento “Alí Babá y los cuarenta ladrones en la cueva de la UE”.
Miran, leen y releen el histórico y constatan que Aznar recibió un país con el 20% de paro y lo entregó con el 12% de paro. Lo cogió ZP con ese 12% para dejarlo al borde del rescate y con un 24% de paro. El relevo lo coge Rajoy, con el 24% de paro, y deja esa cifra en el 14%. Pedro Sánchez, que, a pesar de su “dudoso” doctorado en Economía, aparenta no saber hacer una división con decimales, lo coge con ese 14% de paro y lo va a dejar ¿en el 20, 30 por ciento...?
El socialcomunismo será muy bueno para algunos, obvio, pero las cifras son contundentes, también para Europa, donde nos miran, aunque no lo parezca, con lupa. ¿A qué viene si no, lo de “Estado fallido”?
A ver, si en un Estado constitucional, ni el poder ejecutivo, ni el legislativo, ni el judicial cumplen lo que la Constitución y el pueblo esperan de ellos: “Una eficiencia funcional legitimada democráticamente y al mismo tiempo inteligible”, pues sí, estamos cerca de la debacle.
De hecho, muchos foristas de medios diversos abogan por que la UE suspenda las ayudas comprometidas hasta que haya un compromiso real que nos obligue como país a “jugar limpio” en la adjudicación, aplicación y distribución del rescate a recibir.
Particularmente estoy en desacuerdo con los que apuestan por esta opción en situación tan comprometida, y creo que es preferible que, con los ajustes ministeriales “irrenunciables” en nuestros dirigentes actuales, nos intervenga el Gobierno, el nuestro, a que nos intervenga la Unión Europea.
Felipe VI, representante máximo de una Monarquía hostigada por provocaciones (por cierto, no desautorizadas), que provienen incluso de miembros del Gobierno que han jurado la Constitución y su lealtad al Rey (¡manda huevos!), debe ser, por supuesto, el vértice imprescindible del consenso.
Los otros cuarenta millones de españoles, a rezar.
Saludos cordiales
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