Un tifón asuela España
En el mes más depresivo del año, noviembre, con un único festivo que para más inri, coincide con el Día de los Difuntos, los malos augurios se multiplican como las setas en otoño.
Y los cenizos no son 13TV o Intereconomía, ni siquiera los "sospechosos ultras" Casado o Abascal; es Raúl del Pozo, quien hace unos días escribía en su columna: "El estallido social es inevitable, las colas del hambre son de posguerra. La guerra todavía no ha estallado; cuando estalle de verdad arderán las calles, el Congreso, Moncloa y el chalé de Galapagar".
Llueven los avisos y advertencias, pero los nuestros a lo suyo, "impasible el ademán", montando un circo turbador e inexplicable para los ciudadanos.
Más contagios, más gasto, más deuda y más desempleo. Nada les preocupa ni les paraliza, mientras las noticias, sin tiempo para digerirlas, se solapan y contradicen, reflejo fiel de lo que en su novela política "1.984" dejó escrito George Orwell en el año 1949, nada menos:
"Lo importante es mantener a la población en estado de continuo miedo, por lo que las noticias se contradicen de un día para otro, así se mantiene un estado de emergencia nacional interminable, justificando cualquier abuso de las autoridades".
Visto desde esta perspectiva, con la excepción de Illa, que es un hombre esencialmente triste con pinta de vendedor de funeraria cutre, se percibe un Gobierno exultante y relajado, pero ¿hay motivo?
El Presidente, la mujer del Presidente y los amigos del Presidente, se van de picnic a Doñana, a gastos pagados.
Irene Montero, del "misterio" de Igualdad, la más machista de todos los ministros, denuncia la opresión del color rosa mientras celebra que le hayan duplicado el presupuesto.
El Gobierno en pleno se resigna al acto heroico de subirse el sueldo, con el mismo derecho que tienen decenas de miles a cobrar lo que les deben.
A Simón igual le vemos practicando surf en Portugal que haciendo escalada; en helicóptero con Calleja o haciendo chistes de mal gusto sobre enfermeras.
La ministra Celaá saltándose el confinamiento en Madrid porque ella "tiene casa en Bilbao y va cuando quiere".
Cuatro ministros (Salvador Illa, Margarita Robles, José Manuel Rodríguez Uribes y Juan Carlos Campo) asisten a la "fiestaJota" por el aniversario de "El Español", con más de 100 personas (está prohibida la reunión de más de seis), muchas de ellas sin mascarilla.
Mientras, nuestro presidente decreta un estado de alarma hasta mayo; permanece en el Congreso durante el discurso de Illa, luego se levanta y se va... ¡Alucinante!
¿No parece una comedia, un sainete, una parodia? La tragedia sí tiene explicación en la cantidad de personas fallecidas y sus familias, pero esto ¿cómo se explica?
En cualquier democracia moderna se espera de un gobernante un alto nivel académico, intachable comportamiento, capacidad de resolución de problemas, madurez, competencia y bagaje ético-moral... Nada que no tenga nuestro presidente, por otra parte.
Imagine que Sánchez se queda sin ideas, un decir, y como venganza nos confina doce meses. ¿Qué sería de nosotros? El único que se salva es "el probe Miguel, que hace mucho tiempo que no sale" (me emociona recordar a "Triana Pura").
De todos modos, no es para que se queje; el Presidente nos avisó con tiempo que los españoles no dormiríamos tranquilos. ¡A ver quién es el insensible que pega ojo con este panorama!
En cualquier caso, pienso que el cuento de la lechera ya dura demasiado y está a punto de concluir; lo hará justo cuando la lechera, con tantas curvas a superar, se pegue una buena leche en la curva de Laffer.
Esto nos meterá de cabeza en ese submundo que muchos cenizos han predicho, cartillas de racionamiento y piojos, aunque particularmente prefiero las ladillas, con las que tuve la oportunidad de compartir momentos "picantes" de mi juventud. De hecho, llegué a tal punto de confianza y empatía que a dos de ellas llegué a bautizarlas con los nombres de Penélope y Maripuri).
No voy a revisar lo escrito, pero ha sido redactado en plenas facultades mentales, aunque sean pocas. Intuyo el confinamiento, y me afecta.
Saludos cordiales.
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