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Planeta Hollywood

14 de Noviembre del 2020 - José Luis López Tamargo (Oviedo)

Estados Unidos es un sueño grandioso e ideales de éxito individualista, democracia-espectáculo, comunidad local, Nueva York y cientos de iconos de Hollywood, la isla de Ellis y Malcolm X. Laboriosos anglosajones y alemanes de pelo de maíz y pecas, gente puritana que busca su genealogía en el desembarco del “Mayflower”. USA es cerca de 60 millones de latinoamericanos dispares, mexicanos, chicanos, Puerto Rico y Honduras; cientos de topónimos y huellas hispánicas, de cuando aquellos vastísimos territorios vieron las andanzas epopéyicas de exploradores españoles. Casi la mitad de los actuales Estados Unidos perteneció al Virreinato de Nueva España. La Louisiana, que fue de propiedad española, abarcaba prácticamente la totalidad de las grandes llanuras del medio-oeste americano. Pero, aparte de “spanglish”, USA es revolución americana de padres fundadores como Washington, Benjamin Franklin, Hamilton, Madison y Jefferson; lugar de prueba y ensayo de utopías sociales y reformistas, espíritu liberal y democrático tolerante, tanto como nacionalista de bandera omnipresente y ritos solemnes patrióticos. Un crisol actual de razas, mentalidades, estilos de vida y creencias, donde ha sido divisa la libertad absoluta de mercado, la iniciativa individual y los filántropos millonarios que hacen hospitales y amparan obras culturales impresionantes. La república federal estadounidense es providencialismo y mercado religioso, con más de 1.200 denominaciones religiosas inscritas en su suelo, dura lucha por abrirse paso en la vida, ítalo-americanos, asiáticos y taxistas etíopes, más de 2.020 etnias globales en la gran cosmópolis neoyorquina de la Estatua de la Libertad, el Manhattan de Woody Allen, un mundo tan variado que en poquísimas millas te lleva de lugares de ensueño, opulencia consumista, colosales rascacielos de corporaciones y ejecutivos de Wall Street a los abismos del lumpen, la droga, el crimen y la desolación tercermundista. Posee esta gran nación las universidades que, por antonomasia, nutren los premios Nobel. Harvard, Yale, Princeton, Stanford, el MIT, las universidades de Chicago (Illinois), California y Berkeley. Hasta hace poco, Estados Unidos suponía la hegemonía de las clases medias y el “sueño americano”, un país de enormes oportunidades y con todo tipo de recursos para realizarse a través del talento y el esfuerzo. En realidad, Estados Unidos siempre ha tenido mucho de la película “¡Qué bello es vivir!” de Capra, ingenuo optimismo bienintencionado, afán de cruzada democrática, pero también de “caza de brujas” linchadora, racismo y cultura de cow-boy violento, rifle justiciero y biblia de talión. Estados Unidos salvó a Europa dos veces entrando en las dos guerras mundiales para ganarlas. El país del “New Deal”, Oliver Stone, los Kennedy, alas del partido demócrata, Sanders y Biden, Watergate, Sinatra y Reagan.

Las hegemonías mundiales son cada vez más del Pacífico y de China, por supuesto.

Desde que tengo conciencia, Estados Unidos ha sido nuestra cultura democrática de masas idealizada, nuestro gran hermano y guía del mundo occidental. Trump, un histrión autoritario. Todos somos un poco estadounidenses Disney, una gran nación de grandes logros, ya loada por Tocqueville y Thomas Paine, Forrest Gump y la Unión Europea. Somos euro-americanos sentimentalmente: Coca-Cola, pantalones vaqueros, cultura de másteres, mundo virtual y de parque temático, Spielberg y “pax americana”. Estados Unidos, un país babilónico, también de poetas como Walt Whitman, Jack Kerouac y Bob Dylan. Toni Morrison y críticos progresistas del nuevo “activismo radicalizado” post-Obama. USA: pantalla y palomitas, el country-folk, soul, rhythm’n’blues, jazz, rockabilly, grunge, hip-hop y NBA.

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