Entre la vida y lo demás
Era domingo, el frente nuboso que nos dejaría agua a partir del mediodía aún no había hecho acto de presencia, y pese a que es el día de descanso por excelencia, en el campo los festivos no existen.
Junto a mi padre me encontraba haciendo limpieza en una finca, los árboles crecen y la meteorología se ceba con ellos, así que semana tras semana, aprovechando los fines de semana, vamos haciendo limpieza, la hoja, la poda y corte de árboles, para evitar que el invierno cause mayores estragos.
Mientras estábamos metidos en faena, nos sorprende un helicóptero que vuela bajo, pasa de largo, y da la impresión que se adentra hacia la zona de La Güeria, pero al momento da la vuelta. Juraría que era de la Guardia Civil, y mientras conversamos sobre el posible motivo de su vuelo por la zona, volvemos a oír otro helicóptero. Este es de Bomberos de Asturias, al igual que el anterior sobrevuela la zona muy bajo y de nuevo en la misma dirección, lo comento con mi padre, esto no pinta bien, algo pasó, mi móvil está sin cobertura, el de mi padre queda sin batería y no podemos saber qué pasa.
El helicóptero vuelve a realizar un vuelo bajo y en sentido descendente, pero al poco vemos que sube de nuevo. Sin saber qué ocurre o qué puede estar sucediendo, es imposible sustraerse a la angustia de pensar en ello, en quién o quiénes están implicados, en la dimensión del hipotético accidente, y mientras tanto la niebla asoma sobre el cordal y se desploma sobre el valle, la llovizna invita a dejar la faena y marchamos.
Cuando llegamos a casa nos enteramos que un amigo, Roberto, se rompió la tibia y el peroné, y las idas y vueltas del helicóptero se debían a que la niebla amenazaba con impedir el rescate. Respiras aliviado, después de todo, cuando ves el despliegue de medios, siempre te esperas lo peor, y por suerte sólo fue eso... Al cabo de un instante acabo preguntándome: ¿Sólo?...
Reflexionas y te das cuenta de la complicación que supone hoy en día cualquier incidente que implique una hospitalización. Ya sabemos que el covid-19 está poniendo contra las cuerdas al sistema sanitario a nivel mundial, pero la gente sigue precisando curas, tratamientos, operaciones, y el omnipresente virus está relegando al resto de pacientes que no sean urgentes a un segundo o tercer plano, y aquí es donde deberíamos analizar fríamente qué estamos haciendo todos y cada uno de nosotros para evitar esta situación. Doy por hecho que todo aquel que luce la empatía a base de post en Facebook o en Twitter asume que la solidaridad se reduce a eso, o a esos aplausos de las 8 de la tarde en pleno confinamiento, pero a estas alturas, supongo, deberían ser conscientes de la ineficacia de tanta puesta en escena para nada.
“Negacionistas”, amigos del botellón o de las fiestas clandestinas, y ahora manifestaciones. Por supuesto que entiendo las reivindicaciones, sobre todo cuando son justas, pero ¿de verdad es necesario ahora? Si ya se habían comprometido partidas para ayudas, ¿en serio me estás diciendo que a pesar de todo vamos a seguir jugando con la salud de todos? ¿Es necesario angustiar a la población día tras día hablando de cifras de contagios, ocupación en UCI o en plantas? A la vista está que sí, porque, lejos de recobrar la serenidad, sigue habiendo gente que opta por seguir haciendo ruido.
Seguro que alguno tachará mi empatía de parcial, interesada, o desafecta, pero, por suerte o desgracia, tengo amigos en sectores como el comercio, la hostelería y la sanidad, y si entre todo ello tengo que elegir, creo que mi elección pasa por la vida, y cuando alguien me quiera vender su realidad, le pediré que vaya a explicárselo al señor que tiene a su esposa en la UCI. Una señora que se contagió en el trabajo, no yendo de botellón, ni de cafetería, o de compras. Mírale a la cara y dile que tus derechos están por encima de los de su esposa, explícaselo a sus hijos.
Estoy totalmente seguro de que todos-as aquellos-as que no ven más allá de lo material, sólo necesitarían tener a una persona cercana ingresada para cambiar de parecer, pero me resulta sumamente obsceno tener que llegar a ese punto, para explicar que sin vida no hay nada. Así que cada uno saque sus propias conclusiones, y asuma su responsabilidad... individual y colectiva...
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