Tratar con bienes vs tratar bien
Hay juventud –y lo saben en más sitios que en La Rioja– que merece una ola; pero de atención. algo más que un mero gesto o like tan efímero como espontáneo. Una intención prolongada en aras de una sociedad más justa. Esto, si lo que pretendemos es que tanto adolescentes como aquellos que aspiran a serlo dispongan de modelos sanos a quienes emular. Porque cuando compartimos de forma reiterada noticias de actos incívicos, contribuimos a su propagación. Las conductas se contagian, sí, pero no solo las malas. Esto nos responsabiliza, pues dotamos de popularidad a los incívicos que, cual si fueran bandidos de Ungerer al principio del cuento, no terminan de encajar en el lado bueno; les hemos alimentado de estereotipos.
Multitud de comentarios congratulan a la madre de Pablo, el chico riojano que congregó a sus amigos para recolocar el mobiliario urbano contra el que otros jóvenes atentaron. Pero puede que este acto haya aflorado de la educación maternal recibida o puede que no. La enseñanza no viaja solo en una dirección, es con frecuencia bidireccional y, casi siempre, multi. ¿Por qué nos llenamos la boca de empatía cuando fomentamos competitividad? ¿Por qué acompañamos en el éxito y abandonamos en el fracaso? ¿No es más necesario el apoyo en el segundo caso? Lo primero que le preguntamos al hijo del vecino, ¿qué es?, ¿si saca buenas notas o es si es buena persona? ¿Qué hay de cuando en el colegio humillan a un compañero o sabotean las clases del maestro y lo sabemos? ¿Solicitamos una tutoría inminente en estos casos o lo hacemos antes cuando nuestro niño baja el rendimiento académico?
Tratemos con reconocimiento y aprobación los buenos actos si de verdad queremos propagarlos. Pero con lo de dejarlos jugar a la Switch por sacar más de un siete o decir a todo que sí... cuidado. Porque tratar con bienes (tangibles) dista mucho del buen trato. Aboca a una necesidad constante de aprobación. Algo extrapolable a la necesidad de repetir patrones de conducta. Loables o todo lo contrario. Empero siempre influenciados por nuestros likes o comentarios. Concedemos, en definitiva, el poder de la visibilidad con cada “me gusta”. Seamos consecuentes y planteémonos dar un “me gusta” virtual si nos gusta en real.
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