La Carta de Mocoa
Se trata de un “documento que recoge las reflexiones y apuestas por la defensa y cuidado de la Amazonía que hemos venido tejiendo, mambeando y construyendo colectivamente con comunidades, pueblos, procesos sociales y organizaciones de los nueve países de la Cuenca Amazónica”.
Es decir, las conclusiones y compromisos del Foro Social Panamazónico, que estaba acordado que se hiciera en Mocoa, Putumayo, Amazonía colombiana, pero hubo de hacerse de forma virtual.
Y no por ello menos eficiente en cuanto a análisis y propuestas. Aunque no es lo mismo “estar” o no estar físicamente en la Gran Selva o en sus inmediaciones.
La Carta de Mocoa recoge los sentires expresados en 14 preforos nacionales y locales realizados en los 9 países que conforman Amazonia, y en 23 grupos de trabajo y 7 plenarias donde confluyeron activamente cientos de personas de la Amazonía y otros lugares del mundo.
Conviene recordar que “este año” especial ha habido otras iniciativas referidas a la Amazonía, como la campaña Amazonízate, Asamblea Mundial por la Amazonía, en julio, impulsada por más de 500 agrupaciones amazónicas y pro Amazonia, que culminaba con un llamado a participar de las campañas de acción en defensa de la vida, o antes, en abril y mayo, la campaña liderada por el fotógrafo Sebastião Salgado y su compañera la artista gráfica Lélia Wanick, o el cantante Sting, donde solicitaban ayuda específica a la Organización Mundial de la Salud para la protección de los pueblos aborígenes, debido a la amenaza del covid-19, alertando sobre las políticas erradas del presidente Bolsonaro frente al impacto de la pandemia del nuevo coronavirus en Brasil, y las invasiones de tierras indígenas que se han registrado en ese Gobierno, o que el propio 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, era “sembrado” el obispo defensor de la Amazonía don Pedro Casaldáliga.
Antes habían fallecido el astur-chileno Luis Sepúlveda, que escribiera la hermosa referencia amazónica de “El viejo que leía novelas de amor”, o Tiapuyama, don Antonio Bolívar, que fue uno de los últimos y mayores sabedores tradicionales de los pueblos Ocaina y Huitoto, miembro de la Escuela Indígena de Comunicaciones de la Amazonía, y había sido actor en “El abrazo de la serpiente”, película nominada a los premios “Oscar”.
Pandemias de destrucción y quema se han cebado contra la Amazonía, y en respuesta organizativa se han reproducido encuentros y alianzas, como el propio Foro Social Panamazónico, que “nos convoca” también a contribuir a la defensa y protección de la Amazonía y de quienes la habitan.
Dicen en esa Carta de Mocoa que la defensa de la Selva pasa por aprender a convivir con ella, compartiendo comunitariamente sus formas propias de abrigo, alimento, economía, medicina y sabiduría ancestral, avanzando a relaciones de respeto e igualdad en las comunidades, erradicando toda forma de violencia.
Que esta fuerza vital no es comprendida ni compatible por la sociedad consumista y de ambición extractivista, que desde una visión acaparadora inaceptable actúa sin importarle la destrucción de la Casa Común, como muestra de una descomposición de la especie humana, generada por sus formas explotadoras de relacionarse.
Que la incapacidad de las empresas y los estados para proteger a la humanidad de la pandemia del covid-19 ha puesto al descubierto el fracaso del modelo neoliberal y ha evidenciado, por el contrario, la profundización estructural de las brechas sociales, étnicas y de género de un desarrollo puesto en manos de lo privado por encima de lo público, que ha conducido a una alta concentración de la riqueza, atravesada además por la corrupción.
Que el confinamiento ha servido para intensificar los megaproyectos mineros y energéticos, de infraestructura y de expansión de la agroindustria y la ganadería extensiva. Esas medidas anuncian un tiempo de despojo extremo de los elementos vitales para la sostenibilidad física y cultural de todos los pueblos de la Amazonía, rurales y urbanos.
Resaltan los casos de Colombia y Brasil, donde son numerosos los asesinatos de cuidadores y cuidadoras de los territorios y la naturaleza.
Se proponen fortalecer la identidad amazónica y latinoamericana de los pueblos como producto de un complejo intercambio que ha dado lugar a la diversidad cultural amazónica.
Desde el principio de “naturaleza sana-pueblos sanos”, proponen fortalecer su propio sistema de salud basado en la medicina ancestral y el reconocimiento de aspectos culturalmente apropiables de la salud occidental.
Fortalecer también la educación comunitaria, los sistemas propios de comunicación, la Declaración de Derechos del Campesinado, el Convenio 169 de la OIT, y promover la soberanía energética, hídrica y alimentaria en los territorios de la Amazonía, como expresión de la gestión comunitaria del territorio, con participación activa de las mujeres y las juventudes.
Quieren impulsar la transición energética democrática justa y popular hacia el uso comunitario y público de energías limpias, haciendo de la producción, acceso y disfrute de la energía un derecho de los pueblos.
Van a comprender, acoger y expandir las iniciativas de Gobierno comunitario basadas en los principios de vida y ley de origen como guía para el buen bien vivir en armonía con la Amazonía.
También construirán escenarios de Justicia ambiental y popular para la reivindicación y legitimación de sus gobiernos comunitarios.
Y se han comprometido a “seguir Tejiendo Amazonía para el Buen Vivir”, impulsando la vigilancia y monitoreo ambiental participativo y el mapeo socio territorial desde las organizaciones locales para el seguimiento a los conflictos que genera el extractivismo, la megainfraestructura y la agroindustria, y prevenir la afectación de derechos.
Van a impulsar una Declaración Universal sobre los Derechos de los Ríos y la intangibilidad de las cabeceras de cuencas, fuentes de agua, ríos y bosques en los territorios de la Amazonía, para evitar así los impactos negativos de las actividades extractivas, agroindustriales, hidroeléctricas e hidrovías transnacionales.
Y también impulsarán el Tribunal de Justicia sobre los derechos de las mujeres amazónicas andinas y sus sentencias, para hacer visibles las luchas de las mujeres, denunciar la violencia racista, machista y explotadora y exigir justicia y reparación para las víctimas.
Van a apoyar estrategias jurídico-políticas nacionales e internacionales para exigir responsabilidades directas de las empresas e instituciones financieras frente al cumplimiento de los Derechos Humanos (como el “tratado vinculante” que se está debatiendo en la ONU), y se comprometen en campañas y demandas internacionales en la búsqueda de sanciones legales y sociales contra corporaciones violadoras de los derechos humanos.
En fin, planes de vida, compromiso con la vida y la naturaleza, y “nos llaman” a fortalecer la gran alianza de la diversidad de pensamientos y formas de hacer por la defensa y el cuidado de la Amazonía.
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