Las vacunas y el egoísmo social
El tímido apoyo de los gobiernos de los diferentes países a la iniciativa COVAX, consistente en una colaboración global para acelerar el desarrollo, la fabricación y la distribución equitativa de las vacunas a escala planetaria, evidencia el alto grado de egoísmo de algunos países con respecto a otros.
A pesar de que en algún momento se pensó que el proyecto COVAX podría ser la solución para que las vacunas llegaran tanto a los países ricos como a los menos favorecidos, lo cierto es que la realidad parece bien distinta y que cada país está tratando de ser el primero en lograr el mayor número posible de dosis para vacunar a sus respectivas poblaciones. Y en esta carrera los perdedores serán, como siempre, los países pobres.
Es lamentable que una iniciativa como la mencionada, que parecía ser la solución para evitar una nueva injusticia social, se pueda quedar en el intento, y que, una vez más, sean los países con menos recursos los que sufran las consecuencias de la falta de vacunas, de unas vacunas que podrán inmunizar contra el virus en las regiones más prósperas, pero que no servirán para curar el egoísmo enquistado en la sociedad del desarrollo.
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