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Colegio ordinario o colegio especial

27 de Noviembre del 2020 - Ángeles Menéndez Muñiz (Las Vegas (Corvera))

Desde mi larga experiencia como madre de una persona con distintas capacidades voy a dejar mi punto de vista al respecto y os digo que lo que más me entristece es que a pesar de los años transcurridos seguimos peleándonos entre nosotros y esta sociedad de ahora en vez de avanzar en empatía y solidaridad, en vez de evolucionar está involucionando a pasos agigantados. “El mundo sigue caminando hacia no sé dónde, pero el sol sigue con la misma costumbre de salir siempre por el mismo sitio”. Con esto quiero decir que actualmente estamos muy parecidos a hace 40 años.

Lo que las madres de ahora pelean lo hemos peleado las más veteranas y en peores condiciones, porque si ahora escuchas hablar barbaridades sobre las personas con distintas capacidades, imaginaros en nuestra época. Aunque quizá lo de ahora sea más grave ya que de aquella la ignorancia era mucha, ahora deberíamos estar más informados, pero todo se resume en: “Mientras no me toque a mí, sálvese quien pueda, no es mi problema”.

Sin ser igual se puede comparar al momento que estamos viviendo con la pandemia, cuando escuchábamos que en África el ébola hacía estragos, como lo veíamos tan lejos ni nos inmutábamos, no era cosa nuestra, eso les tocaba a los negritos. Ahora cuando tenemos esto encima no paramos de decir: ¡Madre mía, la que nos ha tocado! Pensamos que todo lo malo les toca a los otros, a nosotros no nos puede pasar porque somos lo más de lo más.

Retomando el hilo os voy a contar una historia real, ojalá fuera de ciencia ficción.

Retrocediendo unos cuarenta y cinco años recuerdo el nacimiento de nuestro hijo, esperado y deseado, pero las dificultades comenzaron pronto. Desde los 3 años que fue cuando empezó a la guardería comenzamos con psicólogo, logopedas, psicomotricidad y todo lo que era beneficioso para él (esas terapias eran particulares).

Cuando llegó la hora de escolarizarlo en colegio ordinario, todo fueron problemas e inconvenientes, llegando al punto que lo llevaba al colegio y no pasaba ni una hora, cuando el conserje acatando las órdenes dadas desde dirección lo traía de vuelta para casa, con mil excusas peregrinas te despachaban cuando ibas a preguntar el porqué de su proceder. Te decían: No es nada personal, es que entretiene a los demás alumnos, pensamos que debería de ir a colegio especial, etc. La segunda vez que lo trajeron junto al hijo de mi amiga, ya que también era un niño con distintas capacidades, decidimos ir al Ministerio de Educación a exponer el tema y a decir que dónde estaba la integración de la que tanto hablaban. La solución que dieron era crear un aula de apoyo en la que en el caso de mi hijo estuviera una hora y media y después pasara a la clase normal.

Yo me cansé de llevarlo a una hora al colegio, y al día siguiente cambiaban el horario y problemas uno tras otro, lo que querían era que tirara la toalla y me rindiera ante la primera de cambio; así iba pasando el tiempo y no pararon de ponerle palos a las ruedas, los mismos docentes y niños, él sufrió las burlas y el menosprecio de niños y mayores, recuerdo una vez que me llamaron para que fuera a recogerlo al colegio porque según me dijo quien habló conmigo: “Se había caído”, tenía el labio casi reventado, la cara hinchada y los dedos de las manos machacados, cuando le pregunte una vez llegados a casa, me dijo que lo habían empujado unos niños (lo tiraron desde un montículo de considerable altura) me dio mucha pena verlo así y mucha rabia contenida.

Si ese caso y otros más que no se me olvidan suceden hoy, no dejo títere con cabeza. Tengo memorizados varios episodios, unos en el colegio, otro cuando estuvo ingresado en el hospital y allí una individua (recuerdo su cara perfectamente y mira que ya pasaron años) lo trató muy mal, la suerte que tuvo es que en ese momento yo no estaba con él, había pasado la noche en el hospital y me relevó una tía mía y estando ella sucedió el caso, y ¡claro!, es de todos sabido el corporativismo que hay entre colegas, siempre sería su palabra enfrente la suya, en fin...

Y llegó el momento de decirnos que tenía que ir a un colegio de enseñanza especial, para no alargarme diré que fue duro decidir llevarlo, pero no nos quedó otra, ya que aunque intentamos que fuera a colegios privados no hubo manera (ahora que está de moda el debate de colegios privados o concertados), otro día escribiré sobre ellos... Hay mucha tela que cortar...

En el colegio de enseñanza especial hubo de todo, docentes competentes y otros que estaban solamente por llevar el sueldo; también ahí hubo episodios de los que me enteré a toro pasado, y ahí sí que tuve mis más y mis menos. Era conocida por “la revolucionaria”, están acostumbrados a que sus palabras sean infalibles y cuando llega la nota discordante...

Lo peor es que muchos padres hacen más caso al docente que al alumno y de ello se valen las personas sin escrúpulos. Cuando no hay vocación, ni paciencia, lo mejor es que se dediquen a sembrar patatas.

A día de hoy acude al CAI (Centro de Apoyo a la Integración) de Fasad. Bueno, a decir verdad, lleva desde el mes de marzo sin ir ya que nos daba temor llevarle por el covid-19 y en casa sigue, además ahora el CAI está cerrado por al menos un caso de covid, es curioso que nadie se haya pronunciado al respecto. Salen noticias de colegios, institutos, centros de residencias de mayores donde hay casos y, sin embargo, de este caso ni mu, una de dos, o se les olvidó mencionarlo o lo han ignorado a propósito, me inclino más por lo último, aunque no me explico el motivo...

Una vez contado el caso de mi hijo y otros compañeros de hace tantos años, ahora voy a decir lo que pienso sobre el tema de la inclusión o de los colegios de enseñanza especial.

La inclusión estaría muy bien, pero pienso que todavía queda un largo camino por recorrer y tal vez nunca se logre plenamente. ¿De qué me sirve llevar a mi hijo/a a un colegio ordinario si después va a estar de “ocupa pupitre”, soportando las burlas, aislado tanto en la clase como en el recreo, sometido a burlas de sus compañeros ocasionándole gran sufrimiento?

Cada uno manda a sus hijos donde piensa que es mejor para ellos, estén felices y no les hagan “bullying”, además cada persona es distinta y también sus necesidades.

Si hay niños que pueden alcanzar sus logros estando en el colegio ordinario, pues perfecto, están en su derecho, pero eso no es motivo para casi acusar de malas madres a quien decide la otra opción.

Los colegios especiales no son segregadores, ofrecen a los niños con más dificultad la oportunidad de aprender y relacionarse con chicos de sus mismas características.

Si hay niños que no tienen lenguaje verbal, no puede andar, o manejar sus manos, ¿pensáis de verdad que van a estar mejor en el colegio ordinario que en el especial?

Lo estarían si al colegio ordinario le dan herramientas para ello, mientras tanto...

Sinceramente pienso que se deben respetar las dos opciones y en vez de ir unos contra otros, ¿no os parece que es mejor sumar que restar?

El enemigo siempre se va alegrar que haya divisiones porque ahí es donde él gana.

Hasta aquí mi testimonio y opinión al respecto. Por mi edad a mí esto no me atañe para nada, bastante hemos pasado las madres veteranas, luchando solas contra molinos de viento, nuestra preocupación ahora es el futuro cada vez más incierto de nuestros hijos adultos y, ¿sabéis qué?, de estas personas nadie se acuerda, pero, claro, eso lo recordaréis cuando vuestros hijos lleguen a la edad de los nuestros. Ahora son niños o adolescentes, pero llegará el momento en que os veréis en nuestra misma situación y os deseo a todas que tengáis un futuro más prometedor que el nuestro y que vuestros hijos lo tengan un poco más fácil.

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