Política
Desde hace un tiempo asisto atónito al visceral rumbo que ha tomado la política española. Lo que antaño se consideraba un mundo de hombres con principios y virtudes, hoy es visto como un estercolero. Grandes hombres han pasado por lo que algunos consideramos la elite de una sociedad. Por las instituciones más prestigiosas. Es cierto que siempre ha habido villanos y traidores. Farsantes. Peligrosos enemigos de la vida y la libertad. Pero en su mayoría los hombres que ocupaban estos puestos eran conocedores de las líneas que jamás, bajo ningún concepto, se debían cruzar. Sobrevuela mi cabeza la idea de que la política a nivel institucional ha muerto. Ha quedado reducida a una pastilla efervescente que busca desesperada vasos de agua en los que desatar el caos. Solo queda lugar para el gentío. Para los fanáticos. Para la masa. Las mentes críticas han sido desterradas al abismo de la soledad. Aquellos que piensan antes de aceptar sufren en silencio mientras el rebaño camina hacia el precipicio.
Sin embargo, existe una política con la que ningún mequetrefe podrá acabar. En la que ninguna moda se colará cual parásito y anidará de por vida. Donde no existen las imposiciones. Y esa política es la que te encuentras frente al espejo cada día. Tus acciones son política. Desde el calcetín de tu pie izquierdo hasta la pulsera de tu mano derecha, pasando por tu pelo, es política. Cada una de las prendas con las que decides salir a la calle es política. Las acciones que ejerces frente a la masa también son política. Y en esta no existe la excusa de los grandes partidos. La política que sin darnos cuenta ejercemos al pisar la calle depende única y exclusivamente de nosotros. Cada uno escoge lo que defiende y cómo lo defiende. Cavamos nuestra propia trinchera con las ideas y valores que creemos esenciales. Inquebrantables. Innegociables. Y la defendemos con uñas y dientes. Marcamos nuestras líneas rojas y del mismo modo nuestras alianzas. Porque la política, para mí, es mucho más que ganar unas elecciones. Consiste en vivir acorde a lo que se piensa pagando el precio que el rebaño estime oportuno por haber decidido ser la oveja negra. Pero el peaje es insignificante. Vivir siendo fiel a un código. Profesar las causas justas y nobles. Ser consecuente. La nobleza del espíritu. Hacer de nuestros actos el reflejo de nuestras ideas. Eso es la política. No tengas miedo de defender aquello en lo que piensas, en otra parte del globo existirá un caballero que también habrá desenvainado su espada por tu noble causa.
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