¡No me llores, reina!
Qué pena me diste hoy viéndote llorar por las víctimas del machismo, esas lagrimas como un torrente en tus ojos demostraban tu gran corazón humano, tu esfuerzo por proteger a las mujeres, ¡qué grande, Ire!, cuánto sentimiento acumulado y tristeza en tus bellos ojos, qué buen papel de tragedia para una buena obra de Calderón, ¿sabes quién era?, o ¿algunos de los clásicos?, qué sentimiento, qué buena actriz.
¿Cómo es posible tanto sollozo ante el público?, no es fácil a no ser que se lleve sal en el bolso o jabón y se eche algo a los ojos en un momento de trileros, pero sí que me he emocionado. ¿Dónde quedaron aquellas arengas de dama de hierro, Agustina de Aragón y locuaz lengua disparada dando gritos para alertar a las masas de la maldad del hombre perverso por serlo y azote de las mujeres solamente por su condición, considerado canalla? Me has sorprendido, lo que no me queda claro es si es una nueva estrategia y la gente acudirá a las manifestaciones para verte llorar en tu discurso como una Pasionaria del siglo XXI, pues quizá los argumentos tradicionales se hayan agotado de tanto sarpullido ideológico.
¡No me llores, reina, que me saltan las lagrimas!
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