Esa sensación de falta de control...
Doy las gracias por todo lo que tengo. Por lo que he logrado, cuidado y mantenido. De verdad que estoy muy agradecida. Sobre todo porque, tal y como está el mundo, ¿cómo no hacerlo? Si es que realmente soy una afortunada. Pero, aun así, a veces siento que me ahogo, que voy a contracorriente, que el mundo pasa a otra velocidad distinta a la mía. Mi interior grita, a veces de rabia, a veces de pena y (menos mal) otras de alegría. Pero hace ya un tiempo que siento que he perdido una parte de mí misma. No sé exactamente cuándo ni en qué lugar. Está claro que la pandemia ha dejado en evidencia muchas cosas. No solo mías. También nuestras. Del mundo. De todos. Creo que, cuál lento veneno, la sensación de “no control” ha provocado una serie de acontecimientos en cadena que lo están cambiando todo.
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