Yo fui a EGB

30 de Noviembre del 2020 - María de los Reyes López Triviño (Oviedo)

Soy la tercera de una familia numerosa de cinco hermanos. Nací en Oviedo en los años sesenta, es decir, formo parte del Baby Boom.

Siempre fui a la escuela pública, primero al colegio el Fontán, cerca de donde vivíamos, y cuando nos mudamos de casa, nos cambiaron a las Escuelas Prefabricadas de Buenavista. Posteriormente estudié BUP y COU en el entonces Instituto Femenino.

Recuerdo mis primeros años en el Fontán, un colegio pequeño en el centro de Oviedo, en mitad del mercado, una zona muy transitada. Había un patio separado por un muro, muro que a su vez dividía la zona de niños de la de niñas. También recuerdo cómo nos llevaban a la cercana iglesia de San Isidoro, con don Dimas.

En cuarto curso hubo un gran cambio en mi vida escolar. En lugar de asistir a clase al pequeño colegio del Fontán, me mandaron a un aula en una Facultad que había detrás de la Facultad de Ciencias (después fue la Escuela de Informática). Éramos un grupo de unas cuarenta niñas tuteladas por una profesora que se llamaba doña Aida. Como patio de juegos teníamos una gran terraza posterior que daba a un prado donde estaban construyendo un gran edificio. Salíamos muy poco, no recuerdo bien la razón.

A mi hermano Pelayo le ocurrió lo mismo, como no había sitio en el colegio, a los de su curso los enviaron a una casita perteneciente al Instituto Alfonso II.

Es decir, en un momento determinado nos reagruparon en otros centros para que pudiéramos asistir a clase.

Dos años más tarde acabaron de construir el piso de Protección Oficial por el que estábamos esperando. Nos mudamos en diciembre, y en enero mis padres nos cambiaron de colegio a los cuatro hermanos que seguíamos en EGB. El que nos correspondía por domicilio estaba sin terminar: el colegio Baudilio Arce. Y comenzamos así en el colegio Buenavista, que en aquel momento se llamaban “las Prefabricadas de Buenavista”.

La sensación que tuve el primer día fue de asombro, porque el patio era único. En mi clase había niñas y niños, no llevábamos mandilón... es como si en unos días hubiéramos cambiado de ciudad. Recuerdo los recreos, jugando al fútbol los niños y las niñas...

En septiembre abrieron el nuevo colegio, el Baudilio, y nos tocaba volver a cambiar... pero no quise. Estaba a gusto en aquellas escuelas prefabricadas, con niños y niñas, sin Educación Física porque no había polideportivo ni patio cubierto. Era lo que había y me gustaba. Recuerdo aquellos profesores, que explicaban tan bien.

Era durante la crisis de los años setenta. Muchos españoles estaban emigrando. Había poco dinero, pero todos tuvimos un lugar donde estudiar. Todo eso se consiguió con el esfuerzo de todos.

Y ahora, ¿qué ocurre? Que estamos en una pandemia a nivel mundial.

Que la educación ha pasado a ser la ultima preocupación de nuestros gobernantes. Que han olvidado la Carta Magna, que ahora en nuestra región lo que impera es la discriminación en las aulas. Que según en la localidad donde habites, tus hijos pueden ir a clase todos los días o no.

Que nuestro Gobierno ha votado una ley que promueve la igualdad en la Educación, olvidando a todos estos niños discriminados, abandonados en sus casas. Que nuestra consejera de Educación ha dicho la semana pasada “hasta aquí hemos llegado”, que quiere decir “es lo que hay”. ¿Adónde hemos llegado, Sra. Consejera?

En Sanidad se han volcado tanto el Consejero como los directores, gerentes, personal sanitario y no sanitario, en los geriátricos, en los supermercados, en los que han hecho que tengamos alimentos en las tiendas , las fuerzas de seguridad del Estado, etc., etc.

Usted, ¿qué ha hecho? Dejar a los equipos directivos de los centro educativos la decisión de que sus alumnos acudieran a clase o no.

Se ha acabado la época de la pizarra y la tiza, ha dicho también. Y ahora, ¿qué hay? Nada. Los alumnos discriminados van a clase a días alternos... y los otros días se quedan en casa. Haciendo tareas, los que las hacen. ¿Es esto educación semipresencial?

Yo (como otros tantos padres) que fui a EGB, que anduve por diferentes centros de Oviedo, exijo que mis hijos tengan la Educación como yo la tuve. Universal y Obligatoria.

Y si usted, Sra. Consejera, no puede asumir el reto que esto supone, y si cumple órdenes, ya sabe lo que tienen que hacer.

La Educación es obligatoria, y ustedes como nuestros representantes tienen la obligación de hacer todo lo posible para que se cumpla. La ley es la ley.

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