Juan Miguel de la Guardia
Para muchos un desconocido, Juan Miguel de la Guardia, que descansa cerca de Leopoldo Alas en el cementerio del Salvador, fue un santanderino afincado en Oviedo, y arquitecto municipal desde 1882 hasta su muerte en 1910, hoy producto de una polémica digna de los antiguos cafés ovetenses; es una pena que por culpa de la pandemia no estén abiertas las cafeterías, ahí tendríamos las grandes discusiones, de De la Guardia sí o no, como en su momento los Clarisos u otros.
Con Juan Miguel de la Guardia queda claro “que no se puede juzgar el pasado con los ojos de hoy”.
D. Miguel de la Guardia, como arquitecto municipal, fue preso de los años que le tocó vivir, donde lo crematístico primaba sobre el arte, y así muchos edificios que habían pasado al Ayuntamiento con motivo de la desamortización fueron derribados, como es el caso del convento de San Francisco, que estaba en lo que ahora es la Junta del Principado (antigua Diputación), derribado por orden del arquitecto municipal Sr. De la Guardia; Según se decía entonces amenazaba ruina, no debía de ser tan ruinoso cuando albergaba el hospital y el culto de San Juan, hasta la construcción de la nueva iglesia. De dicho convento, del que existen fotos antes, durante y después del derribo, han quedado para la historia bastantes piezas que se encuentran en el Museo Arqueológico; de entre ellas cabe destacar el monumento funerario de Quirós, expuesto en el claustro del Museo Arqueológico.
También en su época se derribó el colegio San Gregorio, situado frente al edificio de la Universidad, cierto es que era de titularidad privada pues había sido vendido por la casa de Alba a un particular, pero ¡qué casualidad!, en él se construye el Banco Asturias por el gran arquitecto Miguel Ángel de la Guardia. El derribo del acueducto, del que solo quedan tres pilares, no interviene pues se realiza posteriormente, pero de él son estas palabras en 1902: “Fuera de las características puramente morales, no existe ningún otro fundamento que aconseje dicha obra”.
De la Guardia es autor de la magnífica casa llamada del Deán Payarinos, pero no hay que olvidar que para realizar esta obra hubo que derribar la llamada Casa del Chantre, que había servido como oficinas del Obispado.
Como arquitecto fue magnífico, de su lápiz salen a la luz magníficos edificios, como el hoy desaparecido palacio de Concha Heres, el colegio de la Luna, Villa Magdalena, la plaza de toros, la plaza de Trascorrales, el templete siempre en obras del Bombé, que si se quiere apreciar una versión reducida se puede acudir al de Noreña pues también lleva su firma. También su buena amistad con el mundo indiano le hizo construir verdaderas maravillas en toda la provincia.
En resumen, por supuesto que es el gran transformador del Oviedo extramuros, constructor de la mayoría de las calles de la margen derecha de la calle Uría, creador de calles anchas, como planificador y topógrafo, no solo en Oviedo, también en Avilés y otras ciudades asturianas. Por desgracia el dinero como siempre tiene su historia, como la venta de todos los solares anexos al convento de San Francisco y su botánico.
El requerimiento del Colegio de Arquitectos para darle una distinción puede ser memorable, pero no lo veo compatible en su lucha de no tocar nada de la Fábrica del Gas o la Fábrica de Armas. “No se puede soplar y absorber a la vez”.
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