¿Y si lo hubiéramos sabido?
¿Y si hubiéramos sabido que el siete-ocho de marzo iba a ser el último fin de semana de quedadas sin preocupaciones? Sin distancias de seguridad, sin mascarilla, sin esa inseguridad... ¿Qué hubiéramos hecho? ¿Algo distinto a lo que hicimos? Sinceramente, no recuerdo qué fue lo que hice. Pero el caso es que ese hecho me hace reflexionar sobre aquello de: vive el momento, haz lo que te pida el cuerpo, Carpe Diem y mil frases más de motivación y superación. Que resulta que –fíjate tú– ahora me parecen menos tópicas. Tengo ganas de volver a notar el aire en la nariz. Me apetece no sentirme extraña si no llevo puesta la mascarilla. Me apetece no sentir que está mal darle un beso a mis hijos cuando los recojo en el colegio o la escuela infantil. Por mucho que creamos que cuando salga la vacuna todo volverá a ser cómo antes, me temo que no va a ser así, nada volverá a ser como antes (al menos no a corto plazo) porque todavía estará muy reciente lo vivido. Aún estaremos en shock pandémico y, sobre todo, estaremos con la incertidumbre de no saber. Porque todavía será pronto para saber qué efectos tendrá la vacuna. Y necesitamos volver a sentirnos seguros.
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