¿Es esto democracia?
Quienes vinimos a este “perro mundo” en los nefastos años de nuestra Guerra Civil y los de posguerra crecimos y llegamos a la madurez con el convencimiento de que un buen día al bando de los vencedores les llegaría su hora y que empezaríamos a disfrutar de un régimen de libertades en democracia que nos hiciera olvidar todo cuanto habíamos padecido. Llegó la democracia y nos llenó de ilusión, pensando en que cuanto habíamos padecido era fruto de una horrible pesadilla y que, una vez despiertos de tan negativo sueño, todo había sido fruto de nuestra imaginación, y que la realidad era tan distinta y positiva respecto de la antes vivida que nuestro futuro estaría para siempre colmado de días claros y soleados, en todos los aspectos de nuestras vidas.
Primero, vivimos lentamente, los cambios que el Gobierno del señor Suárez (q. e. p. d.) fue introduciendo en el nuevo sistema democrático. Después vino el señor González y ya acabó de llenarnos el vaso de la esperanza. Luego, obedeciendo a las reglas del juego democrático, y alternancia política, llegó el señor Aznar, malo o bueno según los gustos. Pero un mal día, nos cayó en suerte el señor Zapatero y, en mi opinión, ahí empezamos a dar marcha atrás y a desenterrar el hacha de las malditas “dos Españas”. Que si mi abuelo tal, que si el tuyo cual. Hartos de, a mi entender, un presidente de poco peso o tarambana, con perdón, llegamos al señor Rajoy, que, sin ser hombre de cometer excesos ni tropelías políticas, daba la impresión, como buen gallego, de no saber si iba o venía, o si subía o bajaba. Le tocó hacer frente a todos los “incendios” que le había dejado prendidos el señor Zapatero. Obedeció a las exigencias de la UE en forma de recortes de todo tipo, para evitar ser intervenidos como país, y los socialistas, lejos de colaborar, se pasaron la legislatura reprochándole su manera de hacernos apretar el cinturón en forma de recortes y busca de la estabilidad económica del país, pero sin mencionar una sola vez que ellos nos habían llevado al pozo en el que nos veíamos metidos. Y en esas llegó el señor Sánchez, en plan Superman, y con su astucia consiguió convencer al Parlamento, en una moción de censura, de que la solución a nuestros males era apoyarle a él y que formaría un Gobierno que nos sacaría de todos nuestros problemas.
Desde entonces, no hace falta decirlo ni posicionarse políticamente, ahí están los hechos. Vamos hacia atrás como el cangrejo, pero a velocidad de un bólido. Tenemos una deuda pública propia de país tercermundista. Un paro que hace sonrojarse al más valiente, una juventud desencantada que se deja las cejas estudiando y formándose como nunca antes para luego tener que emigrar a enriquecer a otros países tal como lo hicimos sus abuelos hace sesenta y más años. Para cerrar, quiero recordar que nos habían acostumbrado a tener una vez al año un debate parlamentario en el que el Gobierno exponía su gestión como tal, y los grupos de la oposición tenían la oportunidad de reprocharle aquello que consideraban negativo. Este año, por primera vez, el señor Sánchez, en mi opinión, en plan dictador, se saltó ese trámite parlamentario y, privando a lo poco que queda de Parlamento de poder defenderse, se fue a la televisión y nos soltó un rollazo vendiéndonos sus supuestos logros en plan arenga militar, sin que nadie tuviese la oportunidad de contradecirle. Si estos nos son tics autoritarios, que alguien nos lo explique, que los torpes, como yo, no conseguimos verlo de otra forma.
Decir la verdad puede que no siempre genere adhesiones o amistades, pero, si genera alguna, serán las sinceras y verdaderas. Ya nos lo dejó dicho Antonio Machado: “La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”. Yo seguramente no paso del lugar del porquero, pero creo estar diciendo la verdad le duela a quien le duela.
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