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Un tesoro de curiosidades, el Museo de las Ayalgas de Silviella

28 de Abril del 2021 - Ángel García Prieto

Ahora que las limitaciones de prevención ante la covid no permiten un turismo más o menos lejano, cuando están abiertos los perímetros de los concejos, puede ser momento de aprovechar la ocasión para conocer mejor nuestro estupendo Principado de Asturias. Una excursión de menos de una hora desde la mayor parte de las poblaciones del centro y occidente asturiano puede ser ir al Museo de las Ayalgas de Silviella, en una de las parroquias del concejo de Belmonte, tres kilómetros antes de llegar a su capital, Belmonte de Miranda, en una desviación a la izquierda que lleva hasta la central hidroeléctrica y a las explotaciones auríferas de Boinás.

El museo ocupa una gran nave de más de dos mil metros cuadrados, rodeada de un amplio aparcamiento, al que también se abren la cafetería y la tienda de productos de la tierra y artesanía, anejos al museo. Y también se añade una segunda nave, donde se almacenan y arreglan otros objetos que podrán ser añadidos a la colección del museo.

Destaca, en primer lugar, la limpieza, el cuidado de los detalles y la atención de los guías. Y también de entrada conviene aclarar que “ayalga” en asturiano significa “hallazgo”, “tesoro”, “cosa de valor escondida desde hace tiempo”, porque aquello es un verdadero tesoro de pequeños y grandes objetos: desde un broche hasta una cosechadora y otras máquinas de usos agrarios, molinos, pasando por instrumentos de tortura medievales o cañones del siglo XIX, de la Guerra de la Independencia, cochecitos de niño de los años cincuenta, o un Citroën 11 Ligero, motocicletas con sidecar como las de las SS nazis, un mini-automóvil Biscúter Voisin, también de mediados del siglo pasado, todo el instrumental de una fábrica de gaseosas y sifones... Miles de cosas.

En fin, las Ayalgas de Silvieya son una sucesión bien dispuesta y amable de cosas curiosas, recuerdos, que además pueden concitar ecos de la infancia y momentos para la nostalgia. Es la obra de un empresario privado -Ángel Forcón- que ha ido coleccionando con cariño, gestión, patrimonio y paciencia un tesoro que ofrece a los visitantes a través de objetos y detalles de la vida que nos antecedió y que, sin duda alguna, vale la pena visitar.

Como detalle para la visita y momento para la ironía, el museo es en sí mismo una “ayalga”, un secreto escondido que hay que descubrir, porque no tiene señalización de carretera, ya que según parece aún no se la han concedido en la Administración de las obras públicas. Por eso si se va hacia él en dirección a Belmonte de Miranda conviene ir atento a un cruce a la izquierda nada más entrar en el territorio de la parroquia de Silviella. Si se viene de Belmonte ya es un poco más visible, porque el museo ha sacado al borde del terreno de la carretera algún objeto grande de reclamo (ahora un cañón del siglo XIX) y una pancarta con el nombre del museo.

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