El poder está en tu mano
Mires hacia donde mires, el presente es incierto y no hay expectativa de futuro, tan solo la ilusión que tu propio yo haya creado para ti, basado en nada, porque nada es lo que puede asegurar este presente egoísta, dividido y feroz, y sin presente el futuro es imprevisible. ¿Qué es lo que queda?, la lógica.
¿Adónde te llevarán tus propios pasos?, a donde te están llevando. ¿Adónde nos llevarán los pasos de este poder humano tan fragmentado, débil y, por tanto, complaciente con la peligrosa basura necesaria, para seguir o alcanzar el poder?, a nada en perfección. No se puede hacer nada en positivo, porque ese poder es pequeño. Quizá se pueda hacer algo en negativo, porque ese poder es grande. Negarse a participar, negarse a secundar, negarse a la mentira, a la calumnia, al fraude, al latrocinio, al despotismo, al interés de partido político que todo lo parte, de la banca, de las multinacionales farmacéuticas, religiosas o las onegés corruptas. Negarse, he ahí el gran poder.
No obstante, negarse al fraude o al poder interesado nos obliga a ser auténticos, y eso es más difícil que soportar el daño de la falsedad y la propaganda. Ser auténticos nos convierte en el blanco del mundo entero; sobre todo el mundo que se aprovecha de la debilidad humana y que no soporta la verdad, así que... nos comprometemos y triunfamos con un brazo o una pierna menos, o sucumbimos a la desesperanza. Está en nuestra mano, gran y doloroso poder. "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Juan 8:32).
Primero conocer, que conlleva buscar, en este caso, la verdad de Dios -la única verdad absoluta-. ¿Cómo?: "Santifícalos por medio de tu palabra, tu palabra es la verdad" (Juan 17:17). Es difícil, sí, es difícil que un mundo como este se dé la vuelta y comience a interesarse en Dios... he dicho en Dios, no en las religiones. En nuestro mundo, las religiones, la cristiandad, ya no busca a Dios, he dicho: no busca.
Lástima porque quien nos ha hecho tiene un plan para nosotros: "Y en los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino -gobierno- que nunca será reducido a ruinas. Y él mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, -gobiernos- y él mismo permanecerá para siempre" (Daniel 2:44). Padre nuestro, venga ya tu reino y hágase tu voluntad, porque solo tú tienes el derecho a gobernar a la humanidad y solo de ti cabe esperar la justicia.
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