Pensar España

26 de Febrero del 2021 - José Luis López Tamargo (Oviedo)

Decir que España es una nación o Estado dividido es una obviedad. Los muy recientes resultados de las últimas elecciones catalanas testimonian la profunda fragmentación partidista de la sociedad catalana y la existencia de una ideología “unionista” y un bloque netamente secesionista, vencedor en los muy poco concurridos comicios. No es de extrañar nada, después de 35 años de nacionalismo de tolerada y aceptada “construcción nacional”, aprovechando todo tipo de tacticismos, recursos y medios hábilmente autonómicos, que convierten ahora mismo a Cataluña –y al País Vasco– en los territorios regionales, producto de la descentralización de un Estado, con más competencias y poder de autogestión política del mundo. España suena en Cataluña a algo de los abuelos, que, en masa, vinieron de Andalucía, Murcia, Extremadura, Castilla o Aragón; a monarquía borbónica anticuada –según ellos–, a temas de atraso, falta de maneras políticas en un país poco europeo y avanzado, sin el nivel o categoría de una Cataluña que siempre tuvo sus características de estructura social diferente al resto de España, pero aprovechó la pertenencia al Estado nación para liderar grandes cambios industriales, exigir proteccionismo industrial para sus productos textiles y fabriles, participar del poder dirigente español político, empresarial y financiero. Cataluña vota en clave muy republicana y radical nacionalista, los jóvenes menores de 30 años son mayoritariamente separatistas y la ambiental mentalidad que rige es de incalculado “conflicto nacional” con “Espanya”. “Pobre España, que, de las historias de la Historia tiene la historia más triste”, dijo el poeta Gil de Biedma. No por criticar a Podemos se es de ultraderecha, que es siempre algo peligroso y esperpéntico. España somos todos: Serrat, Chaves Nogales, Aute y Lorca. María Moliner y María Zambrano. Antonio López, el flamenco. Margarita Salas. La gaita y el CESID. Pau Donés, el Padre Ángel y J. L. Arsuaga. Existe un partido como Vox, de nacionalismo español unionista, arrojado y desafiante en el tono, polémico, tachado de fascismos y “extrema derecha”, cuando son apedreados, acosados y vejados por antisistemas y separatistas, con patente de corso, que a su vez son desgraciados energúmenos de intolerancia, cerrazón agresiva y aversión a la idea plural y democrática de España. Aparte de las condiciones sociales, la corrupción y la pandemia, el problema de la democracia avanzada española es generar convivencia y autoestima como nación prestigiosa y que funcione coordinadamente por encima de fracasos cainitas. Es comprensible el repliegue sobre lo local, las grandes decisiones en un mundo global no pasan por las urnas. La gente quiere tener marcos de referencia cercanos y estables. España sigue siendo una nación plural, muy amada y apreciada en su historia y formas diversas de ser. Es mi gente, personas concretas que me aman y amaron, mis raíces y afanes diarios.

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