Paisanos del valle del Huerna
A mi güelu, Ramón Delgado, de Tuiza de Arriba
Mi agradecimiento y disculpas a Ricardo Luis Arias si en algo puedo molestarlo o entiende que no es adecuado mi comentario sobre todo lo que escribió sobre los paisanos del Huerna; nada más lejos de mi intención. Al igual que a todos los que se nombran, que alguno conocí, como a todas sus familias, pues de ninguna manera quiero desmerecer sus méritos.
Cuando leí sus cartas, en la primera sentí un “pellizco”, pues aunque las cartas daban pinceladas de los “paisanos” a mí me faltaba algo sobre mi güelu. En la segunda carta ya vi que aparecía, y me gustaría añadir algo más.
Por lo que entiendo, usted era los que nosotros entonces llamábamos “montañeros”. Que en aquellos años, como muy bien dice, apenas había y además iban sin medios y con total desconocimiento de lo que era una montaña y menos escalar o subir a Peña Ubiña.
Mi güelu, ya en el desaparecido periódico "Región", el 2 de agosto de 1967, hablaban de él como Ramón “el Patriarca y sus rebaños en El Chegu”, al igual que en LA NUEVA ESPAÑA, del que por cierto no encontré varios reportajes que le dedicaron, pero sí uno del 06-06-1976 firmado por Gonzalo Castañón: decía en aquel momento que tenía 82 años y ya lo citaban como el guía de montaña, pues “había subido a Peña Ubiña cientos de veces llevando a su lado a montañeros que se iniciaban en el deporte”, y que por cierto él estaba cansado de subir a la Peña con las ovejas y las cabras, por eso la conocía tan bien.
Por supuesto, no quiero polemizar sobre lo que usted dice de Santiago como sherpa de las Ubiñas, porque además el padre, Antón, era primo de mi güelu, ya sabemos que en aquella época y por la imposibilidad de las comunicaciones había bastantes endogamias en los pueblos y todos eran familia unos de otros.
Pero en mi güelu se daban varias circunstancias que lo hacían especial: entre ellas, que tenía un pequeño chigrín, que era la parada de todos los montañeros para tomar algo caliente antes de subir y cuando bajaban del picu. Además, a Ramón le gustaba charlar con ellos, que le contaran cosas de la ciudad; fíjate, me acuerdo de algunos que eran de Mieres, Oviedo, Gijón... y a nosotros ya nos parecían gente importante solo porque venían de las ciudades y sobre todo él los acompañaba muchas veces, o les decía los sitios por donde no debían ir porque eran peligrosos.
Siempre recordaré que oí decir en casa, tendría 4 o 6 años, que se habían matado en la montaña creo que cuatro montañeros, y los chavales del pueblo preparaban los caballos con sus aparejos, no había otra cosa, entre ellos mi tío Lolo, para ir a recoger a los muertos; yo lloré un montón porque no quería que en el "Rubio" o en la "Torda" bajaran encima a los muertos.
Por todas las “calamidades” que nosotros llamábamos hoy penurias y necesidades, quiero rendir y reconocer en nombre de mi querido “güelu Ramón Degado”, el tío Ramón como se decía entonces, ya que así se le conocía desde La Pola hasta Tuiza de Arriba, a todos los paisanos de Asturias, que con su trabajo, ejemplo y solidaridad, pero de la de verdad, con todo el mundo, de la nada que tenían repartían para todos. Y también con permiso de los “animalistas”, decir la desgracia que suponía para todo un año que a una familia les mataran los lobos o los osos sus animales, ya que era su sustento. Esto lo dejaremos para otro día.
Mi querido güelu Ramón, siempre estarás en mi corazón.
Tu nieta
Henar Delgado Álvarez
Sotiello (Oviedo)
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