La violencia de unos pocos es la cobardía del resto
No tenemos remedio, solo algunos países supieron asumir que estaban en guerra, no en una guerra contra otros o contra ellos mismos como hacemos aquí con saqueos, terrorismo callejero y violencia sin límite; en esos países sabían que el enemigo era el virus y no se dedicaron a perder el tiempo. El resultado salta a la vista, su economía crece y no se resiente, el pago en vidas humanas es muy inferior, qué decir de todo lo que rodea en listas de espera, colapso sanitario, desempleo, autónomos y empresas en apuros...
Mientras en esos países frenaron la masacre y en otros van aprendiendo la lección, aquí seguimos contemplando y padeciendo a un Gobierno inepto, a una posición aún peor, que en vez de dedicarse por entero de una puñetera vez al virus y sus consecuencias están enfrascados en sus cosas, cosas que podrían ser importantes, pero ante lo urgente deben irremediablemente postergarse.
En el Gobierno confluyen dos fuerzas que se carcomen entre ellas, se aguantan a duras penas, solo por ese egoísmo del poder de ambas, la una sin la otra se quedarían sin pito que tocar. Las dos tratan de hacer ver a sus correligionarios que las medidas y propuestas son suyas, no del otro, cuando son una coalición mal avenida. Todo eso es un mal augurio para que funcione algo bien.
Hay un Ministerio tremendamente perjudicial para llevar a buen puerto esta nave, se inventó para contentar a la mujer del macho alfa de Podemos, en ese Ministerio se colocaron todas las feministas con cargos de envergadura, las secretarias de Estado y cargos aledaños estallan ahí, ellas no están dispuestas ni siquiera ante lo que tenemos encima de aplazar su discurso misándrico. Les va en ello el ruque a todas. Les importan un pimiento las mujeres, solo ellas y el discurso demagogo, de lo contrario incidirían al menos en el colectivo de mujeres más vulnerable, abandonado y agredido por todos: las ancianas. Pero no, esas no son mujeres a defender e igualar.
Miren hasta dónde llegan estas niñatas que no han dado un palo al agua en su vida y ahora quieren organizar la de todos, que hicieron del piropo insulto y ahora defienden las amenazas de muerte, apologías del terrorismo y la violencia como libertad de expresión.
Qué decir de las manifestaciones que proponen para el día 8 de marzo ¡Ya! Debe el Gobierno desde ya prohibir toda manifestación hasta completar el ciclo de vacunación general. El año pasado, a pesar de saber que estábamos de lleno en una pandemia, Irene y todas esas irresponsables hicieron la manifestación, allí se contagiaron muchas de ellas, más la propagación que nadie calculó. ¿Cuántas muertes podrían haber evitado? Si por aquella era una tremenda irresponsabilidad, lo de este año sería un crimen en toda regla. Dicen que podrían permitir una manifestación de 500 personas, si les da por acudir a un millón de personas, ¿dónde las cuentan, antes de salir de casa, en las calles aledañas, o podrán ser varias manifestaciones de 500 personas por calle? Como ven, es imposible de aguantar tanta imprudencia por ser cortés.
Con las manifestaciones violentas de Cataluña ni el Gobierno ni su socio han tenido la suficiente capacidad y contundencia para parar de un plumazo a esos violentos. Las reivindicaciones exigidas con violencia pierden toda razón y deben ser erradicadas con todas las armas que da un Estado de derecho con las fuerzas del orden, sin contemplaciones. Pero no ven que llegan al saqueo más rastrero, si de por sí los comerciantes y trabajadores llevan un año subsistiendo a duras penas, van esos vándalos a joderles por completo, pues no, hay que pararlos sin miramiento alguno.
Alguno dice que son caldo de cultivo las condiciones de estos jóvenes, la precariedad, la falta de futuro, no hay duda que debemos hacer algo, pero para nada ellos llevaban lemas al respecto en esas manifestaciones, ahí quizás estaríamos todos con ellos, sin violencia, ellos no pedían eso, sino la libertad para un energúmeno que está condenado por la justicia, y añaden libertad de expresión para quien amenaza de muerte y hace apología del terrorismo. Un contrasentido. Con violencia no hay libertad que valga.
La violencia de unos pocos es el reflejo de la cobardía de los demás.
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