Sabino Fernández Campo
Como LA NUEVA ESPAÑA llega a todas partes y uno tiene un amigo en Madrid que es un devorador de periódicos, leyó en nuestro rotativo lo que aquí publicamos el pasado sábado 27 sobre el 23F, y me telefoneó para decirme algo que considero interesante sobre este tema y por eso lo traigo ahora aquí. Mi amigo, que aún no es centenario pero sí un “joven” longevo también con mucha salud, se llama Javier Somonte y es un veterano alpinista y esquiador, más conocido fuera que en casa. Me da la razón de cuanto expreso en el citado comentario, que nuestro paisano Sabino Fernández Campo fue la figura clave, como le dijo un coronel amigo y vecino suyo.
Cierto, vamos a ser más claros y concretos. Sabino Fernández Campo, una persona de la máxima honorabilidad, íntegro, honrado y justo, de la mayor confianza del Rey Juan Carlos I, fue el que evitó que el general Armada fuera al Parlamento, como había anunciado Tejero para anunciar el levantamiento militar en nombre del Rey. Como consecuencia, todo se les vino abajo a los conspiradores, militares también de la confianza del Rey. Posiblemente los seniles militares, ahora jubilados, en la reserva, con sus oxidados sables, se dirigieron al Rey con aquella payasada de cambio político y militar, proponiendo el fusilamiento de cuantos se opusieran al cambio. Demencial y de psiquiatra.
Hoy está plenamente demostrado, aunque no se diga, que no fue el Rey el que hizo fracasar el levantamiento militar del 23 de febrero de 1981, sino el general asturiano Sabino Fernández Campo. El Rey le retiró su confianza, lo apartó de su lado, le despreció y le hizo el mayor daño posible cuando le acaba de salvar la corona y evitar el fin de su reinado, amén de los consejos y lo mucho que Sabino hizo por él para lavar su imagen en sus escándalos y escarceos amorosos. Y nuestro general asturiano, cansado y decepcionado, se retiró a su querido rincón de Latores, en donde terminó un día su vida ejemplar callada y silenciosamente.
España y Asturias están en deuda con Sabino Fernández Campo. Y esta sugerencia. Si a un director americano de cine (inmoral y de malos antecedentes) se le erigió una estatua en Oviedo, ¿no la merecerá mejor el general Fernández Campo? Aquí queda la idea.
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