La inhumana perfección
Desde el mecanismo de Anticitera hemos persistido en la perfección requerida para enviar al “Perseverance” a Marte y seremos tenaces en robotizar nuestro sistema solar para conocerlo y poder visitarlo (vivir será difícil). Lo hacemos gracias al gran desarrollo de computación informática que hemos logrado. La Máquina, una vez programada (bien o mal), reproduce con perfección clónica el programa o código que tiene establecido. Solo cuando un resultado no es el esperado por nosotros, se reprograma el programa aumentándose y mejorando las expectativas de lo esperado. Esto nos lleva a estar siempre pendientes de detectar algo inesperado en la Máquina debido a circunstancias que no están previstas en su programa, lo que nos obliga a forzar el pensamiento para imaginar cómo interactuar con ella. Tanta atención observando su perfección y nuestra incapacidad nos vuelve intolerantes con nosotros mismos. Si nos equivocamos interactuando con la Máquina, la Máquina no cuestiona o juzga la orden o entrada incorrecta y, para cuando queramos rectificar, habremos entrado en alguna concatenación de errores multiplicados. Si un sistema informático se cae, nada se puede hacer hasta restablecerlo. La perfección con que funcionaba la Máquina no la podremos emular las personas sin ayuda de una nueva Máquina.
El progreso es fruto de equivocaciones y aprendizaje. Los seres clónicos primitivos necesitaban equivocarse al reproducir su código genético para ser distintos y adaptarse, pero los seres sexuados aprendieron a cometer el error de copiar códigos genéticos de dos progenitores imposibilitando toda clonación. En ciencia es frecuente que un error provoque grandes descubrimientos: a Alexander Fleming le pasó dos veces. Otto Hahn (químico) escribió a Lize Meitner (física exiliada en Suecia) que había analizado químicamente el resultado del experimento físico, que ella había dejado programado, siendo su resultado un disparate por algún error suyo. Lize Meitner no creyó que Otto Hahn pudiera equivocarse como químico, y analizó (junto a su sobrino) los resultados como física: así se descubrió la fisión nuclear (pero los premio Nobel se equivocaron y el premio se lo dieron a Hahn). La Máquina nunca tiene conciencia de equivocarse. En “2001: Una odisea del espacio” la IA Hall fue programada en una serie de contradicciones equivocadas que la volvieron loca (una imperfección humana) pero eso era ciencia ficción.
¿Perderemos la humanidad y dejaremos de ser hombres sabios para convertirnos en hombres complejos?
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

